La mujer llevaba un hacha en la mano, ni grande ni pesada, apenas una hachuela con mango de ébano y hoja más dura que el diamante. Iba cortando una intrincada maraña de espinos. A medida que se abría paso, la foresta detrás suyo volvía a enredarse.

Cuando llegó a una enorme puerta que se abrió por sí sola dejándola entrar.

─¿Qué buscas?─ La voz sonaba profunda, intensa y por un instante estremeció las paredes.

─Hay peste ─respondió con voz firme la mujer.

─¿Y...?

─¡Los niños caen en coma, las mujeres se desangran y los hombres enloquecen! ¡No digas que no te importa!

El monstruo alzó la cabeza; era enorme. Su espantosa cabeza de reptil cornudo podía matar con la mirada de su única pupila vertical.

─Bury, el vanir, y su hermana Gullveig ─continuó ella─ ocuparon la cumbre del Cimil y esclavizaron a los aesira del valle. Trajeron la plaga pero te echan la culpa a ti. Vienen hacia aquí para destruir tu montaña.

─¡Idiotas! ─ tronó Njodan, el dragón, mientras se incorporaba─ El veneno de su espíritu es la única causa de las pestes.Ya han devastado brutalmente otras regiones, recogiendo para sí todo cuanto pudieron expoliar.

Erguido su cabeza se perdía en la sombra del techo y a la altura del corazón mostraba el delicado perfil de la niña Sifar.

 « Un pavoroso engendro con un alma bella», pensó la mujer.

Después de haber desplegado su corpulencia, la piel de rubíes se fue contrayendo en resplandecientes pliegues. La graciosa jovencita de  bucles dorados volvió el rostro hacia la mujer sonriendo. De las alas convertidas en amplias mangas surgieron sus manos blancas y alargadas. Con el filo de una uña la muchacha rasgó su propia piel recogiendo la sangre, clara como jugo de frambuesas, en un frasco.

─¡Tu eres la Bruja Madre toma, ve y cúralos en mi nombre! ─dijo y se dirigió a la puerta dándole la espalda. La cabeza de dragón se había deslizado como un yelmo en forma de negro cráneo en su nuca, recogiendo los esplendorosos rizos.

«Una hermosa cabeza con pensamientos aciagos».

Fuera, el monstruo se lanzó al espacio recuperando poco a poco su soberbia magnitud y horribles fauces. Remontó los cielos hasta cubrir el sol. Una siniestra penumbra envolvió a la horda enfurecida que blandiendo hoces, palos y guadañas avanzaba guiada por Bury y Gullveig, los abominables engendros del tártaro.

El dragón Njodan se lanzó en picada con un aullido semejante a mil trompetas resonando. El fuego lo envolvía. Con sus aceradas garras atrapó a los crueles vanires y volvió a remontar el vuelo. Ya en la altura los soltó al abismo de piedra. El atroz estallido se lo llevó el viento. La turba se dispersó.

En la aldea los niños despertaron y las mujeres dejaron de sangrar.

Arrebujado en su cueva el dragón se preparó a dormir otros cien años, o hasta que la Madre Bruja lo requiriese de nuevo.


Comentarios
  • 1 comentario
  • Aleria @Angelica fa 4 mesos

    En el relato no hay ninguna niña bruja, se trata simplemente de un dragón bifronte que que posee la capacidad de metamorfosearse pero sigue sendo siempre el mismo como Gregor Sampsay el título ya lo anunciaba. La bruja madre es un personaje secundario. Por lo tanto el relato no ha sido leído con atención y por lo tanto ha resultado mal interpretado.


Tienes que estar registrado para poder comentar.