La chirriante montonera de chatarra se deslizó cuesta abajo a toda velocidad. Los pies del desarrapado jinete volaban en círculos haciendo al plato de la bicicleta girar como la hoja de una sierra. El descascarillado cuadro de aluminio rojo gemía a punto de partirse mientras las dos ruedas retorcidas parecían combarse con la presión de cada pedalada. 

Un gigantesco león dorado surgió desde detrás de la misma colina que apenas un segundo antes había cruzado el ciclista. Su melena se pegaba a su descomunal cuello empujada por el avance, mientras sus patas arañaban la tierra del sendero como centellas naranjas.

Las manos del hombre se asían crispadas en torno a la cornamenta de su montura. Echó una mirada fugaz a su espalda y vio a la bestia trotar tras él con las fauces bien cerradas y los ojos negros de gula. El polvo del camino se iba pegando a su cuerpo mojado después de caer al río. Parecía una estatua de arena escapando de un concurso de playa.

Aún quedaba un kilómetro hasta la verja. Debería batir todas sus marcas para hacerlo a tiempo a tenor del trote decidido de su perseguidor. 

El final de etapa sobre el puente panorámico del parque zoológico ya no le parecía una idea brillante. Maldijo a su eterno rival, "tordo" Bandolini, el culebrilla del Col del Tourmalet y probable maillot turquesa gracias a su desgraciado fin de etapa. ¡Ese malnacido lo había empujado al agua cuando lo cruzaban al sprint! 

Blasfemó mientras esquivaba un zarpazo del león. "¡¡¡Bandolini!!! ¡¡¡Bandoliiiiini!!!"

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.