Zamaya sesinde —, dijo  Douglas antes de apretar el gatillo de su Taurus calibre 22.

El joven Wisdom estaba tirado bocarriba en una vieja canoa estrecha y alargada de madera oscura que se deslizaba río abajo. Empapado y jadeando tras horas de torturas, veía pasar las nubes sobre un cielo azul intenso recortadas por la silueta de su verdugo. Era evidente que el terrible sicario disfrutaba con lo que hacía. Sus carcajadas contrastaban con las lágrimas del torturado.

Se oyó un clic pero no hubo detonación.

—¡Mierda! —, exclamó Douglas mientras examinaba el arma.

Desde el suelo, Wisdom pateó la entrepierna de Douglas con todas sus fuerzas, se levantó y le empujó al agua. Después, remó frenéticamente con las manos hasta que la corriente le llevó río abajo. La velocidad no era vertiginosa pero suficiente para dejar atrás a su verdugo. El río comenzó a descender incrementando su velocidad y se estrechó antes de pasar por el medio de unos acantilados.

Wisdom no podía creer lo que acababa de ocurrir. <<Es una señal>>, pensó. << Dios me ha dado otra oportunidad, para volver a empezar. Nunca debí dejar la aldea>>. Pero le habían convencido, como a otros como el, que solo era cuestión de hacer de mensajero ocasional pero eso solo fue el principio. "¿Quieres ser agricultor toda tu vida? Esto es dinero fácil chico". <<El dinero fácil no existe>> razonó.

Un disparo en su hombro le devolvió a la realidad. Desde lo alto del acantilado Douglas corría empuñando la pistola. Gotas de sudor caían por su broncíneo rostro.

—¡Traidor! —, gritaba sin parar de correr.

Los disparos se sucedían. Wisdom podía oír el silbido de las balas antes de que impactaran en la barca y el agua. Los acantilados desaparecieron gradualmente y una verde planicie de alto césped amarillo, salpicada de arbustos se abrió ante ellos. Otra bala impactó en su costado. Douglas lanzo un grito victorioso. Wisdom se retorció de dolor en la canoa. La sangre manaba copiosamente de sus heridas. Era su fin.

Inesperadamente, una enorme leona emergió de los arbustos y se lanzó sobre Douglas. Este solo tuvo tiempo para lanzar un aullido de horror mientras el felino le destrozaba el cuello. Una vez más se había salvado pero sus heridas eran fatales. Probablemente moriría desangrado en la canoa y sería devorado por los buitres. Un triste final. 

Un rumor lejano llamó su atención. Se levantó con dificultad y una fresca brisa cargada de humedad le empapó el rostro.

Entonces comprendió al fin su destino.

El Señor había reservado para él un glorioso final, digno de un Makololo. Pensó en sus hermanos, en su madre, en su infancia, en la aldea, los juegos, las risas...Era una buena forma de marcharse. El rumor de Mosi-oa-tunya, el humo que truena, se volvió ensordecedor. Suspiró por última vez y la canoa se precipitó por los ciento ocho metros de las cataratas Victoria.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Buena narración, la evolución desde el germen ha sido fantástica. La puntuación sin penalización sería de 20,54. Felicidades.

  • D.J.B. @DiegoJB fa 1 mes

    Gracias! La verdad es que estaba convencido que cumplía todas las condiciones pero no. Lo entendí mal ¡ Lo hare mejor la.proxima vez.!


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