Sus neumaticos rozaban con fuerza el barro, desgastados de múltiples intentos en los que mi pie forzaba al límite el acelerador. Consiguiendo leves empujones momentáneos, pero sin éxito. Su pintura opaca, sus abolladuras, los rasgos marcados por el maltrecho del tiempo, reflejaban de manera burda la luz de la luna que se posaba como un suave pincel en un lienzo lastimado. El chasis ya no podía soportar otro ataque, estaba cerca, lo sabían mis sentidos. No podía ver más allá de la densa oscuridad que reflejaba el retrovisor izquierdo, maltratado de resistir impactos, colgando de una pieza. Podía sentir mi corazón rebosando de miedo, mis manos sujetando con aprensión el volante grisáceo. Hundiéndome instintiva pero desesperadamente en el asiento de cuero marrón  bordado de manera ordinaria. Advertí un golpe en el parachoques trasero, dañandolo. Aceleré de nuevo a fondo, logrando que el  camaro clasico lograse brincar, su capó resistió la embestida súbita dirijida a un monticulo que logré rebasar con exito. 

El tablero vetusto, los asientos, la palanca de mano que frecuentaba con ansiedad y entorchado de marrón y almohadillas suaves, reflejaba de alguna manera los rostros que lo habían manejado alguna vez y que ahora, sus voces inaudibles posaban sobre mis ser sus susurros de terror. 

Me volví a la parte trasera, no habían asientos elegantes, solo siluetas de lo que fue una vez un gusto refinado. Precise una sombra moverse con agilidad entre la bruma, cruzando el portón del auto hasta alojarse en la puerta trasera del lado derecho. Forse a mis músculos impregnar más fuerza hacia la almohadilla desdeñada que permanecía bajo mis pies. En la oscuridad los faros del camaro perdían su gran batalla con la noche, justo al instante unos grandes ojos brotaron cerca de la puerta izquierda, la cual oxidada retumbo y fue arrancada con violencia, exponiendome al súbito frío que caló en mis huesos. El león, sombrío como las tinieblas corría a la par de mis ojos. "Una pregunta..." Susurró la bestia, que no se oía agitada, ni su voz mezclada con el rugido del motor. "Solo una..." Repitió con cautela asesina y voz poderosa. Vencido por el miedo, hice la pregunta que aquellos rostros pálidos que deambulaban dentro del auto y se paseaban por sus abolladuras y todos los rincones, le replicaron en vida. "Que... Clase de Horrible lugar es este...?". Su ojos despidieron crueldad. "La realidad...". Sus fauces más eclipsadas que la noche se abrieron y engulleron mi alma y mi existencia.      

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.