Jakob estaba empapado con la sangre de sus enemigos. König se quedó impresionado cuando vio entrar a aquel carro en tropel en la sala del rey. Dos grandes y fuertes purasangres tiraban de aquel carro. Las ruedas parecían frágiles, que iban a ceder en cualquier momento. Encima iba un hombre con una túnica negra, con un bastón recio de madera.


Jakob paró el carro y se bajó de él. Con rápido movimiento del bastón, cerró el portón impidiendo que nadie pudiera entrar ahí. Al fondo estaba el rey. Era un fornido hombre de mediana edad. Sin mediar palabra el rey se lanzó hacia Jakob y descargó un fuerte golpe con su mandoble. Jakob dio un quiebro y con su bastón , primero le dio en el estómago para dejarlo sin aliento y después le dio en la nuca para dejarlo noqueado.


— Ahora supongo que podemos hablar como persona civilizadas.— dijo Jakob dando vueltas alrededor del rey— no va venir nadie a ayudarte. Vas a morir. Me gusta tu reino.


— Maldito mago ¿Que intentas conseguir con tus malditos trucos baratos?. — Jakob le dio un puntapié en la boca del estómago antes de que siguiera.


— Supongo que no crees en la magia ¿Verdad?. Está claro un rey fuerte como tú y culto ¿para qué creer en los subterfugios de unos charlatanes?. Te enseñaré una cosa.


Jakob alzó el brazo izquierdo y con la mano derecha dio un golpe con su bastón. Una bola de fuego salió despedida de la mano. Se estrelló en lo alto de la sala.


— Esto es magia. Más concretamente un hechizo de los magos de fuego. Por desgracia solo sirven para la maldita guerra. Algo aburridos la verdad.


El mago cogió su mano izquierda de nuevo hizo un círculo con los dedos pulgar y anular y levantó los otros tres dedos. Soplo por el círculo y un halcón blanco se genero de la nada. Era hermoso pero se difumino en el aire.


— Eso era una ilusión. Es fácil, hermosa pero frágil y estúpido perder el tiempo con una. Ahora por último verás de lo que soy capaz.


Jakob tocó con el bastón a Katze, el del rey. Al momento de tocarlo se oía como se partían todos los huesos del felino mezclado con gritos de sorpresa y agonía. El proceso duró apenas un minuto. Allí donde estaba el gato rugía un león adulto con una espléndida melena.


— Esto es la alquimia. Es la ley del intercambio equivalente  — clavo el baculo en la espalda del rey, que empezaba a erguirse  — un poco de energia vital, la materia que quieres convertir y ya lo tienes. Es lo que vas a comprobar ahora mismo.


König abrió la puerta. Los soldados que guardaban la puerta miraban con alivio. El alivio se convirtió en estupor cuando observaron que había un león en el centro de la sala devorando un cuerpo.


—Llama a alguien que limpie toda esta mierda- dijo el rey acercándose a un soldado- Por cierto, también ocúpate de la bestia.


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