Todo pasó el mes quinto del siglo VI en la tribu de Dan, donde existió un dios llamado Dagon conocido como el pececito.

Las personas de Dan tenian una enorme estatua de su dios hecha de hierro y oro la cual tenía forma de hombre hasta la mitad de su cuerpo y la otra mitad era similar a la cola de un pez, debajo de él había un enorme agujero creado para encender fuego hasta que éste se calentara para así sacrificar el hijo primero de cada mujer en honor a éste dios creyendo que él les mandaría la lluvia. Todos tenían que hacerlo y todo el que se oponiera sería forzado a ser quemado junto con su hijo en los brazos de dagon, sin embargo hubo un tiempo de sequía en la trubo de Dan entonces el rey ordenó quemar vivos a toda criatura de la edad de 3 años pero nada cambió, procedió a los jóvenes y ancianos pero todo le fue inútil. las cosechas se secaron, las ovejas, yuntas de bueyes y vacas murieron de hambre y las personas se comían unos a otras tal como el león a su presa.

De momento se escucharon los gritos de una mujer al dar a luz, luego un silencio y por último el llanto de un bebé, el único niño de la tribu había nacido quizá ésta sería la salvación para Dan. Todos corrieron a ver a la criatura pero al llegar al campamento lo único que encontraron fueron algunos trapos viejos manchados de sangre.

— No podemos dejarla escapar con el niño — dijo un viejo sacerdote.

Se miraron unos a otros con desespero pero nadie fue capaz de emitir algún sonido.

— ¿Qué esperan? — continuó — vallan tras ella debemos sacrificar a ése niño para que Dagon nos mande de su lluvia.

Al escuchar estas palabras todos recobraron un poco de cordura y se divieron en 5 grupos de 10, buscaron por todas partes pero no la hallaron y así transcurrió el tiempo, cada día alguien moría de sed donde pasaban a ser presas para quienes luchaban por su vida.

Una tarde, un anciano que caminaba directo a un barranco para terminar con su vida halló a la madre con su pequeño en brazos, ignorantemente siguió su camino pero luego de dar 10 pasos se detuvo, volvió a ver a aquella joven desesperada y llena de temor. Ella lo miró por sobre su hombro, se puso en pie y siguió caminando hacia algún lugar pero fue descubierta por un joven el cual informó inmediatamente al sacerdote quien tiempo despues la ató a un arbol y prendió fuego en ella ignorando sus súplicas por piedad. Tomaron a la criatura y la sacrificaron a Dagon y al instante volvió la lluvia con tanta fuerza que terminó ahogando a todo ser viviente pues no era lluvia lo que esta vez bajaba del cielo si no las lágrimas de éste dios al ver la muerte de la mujer que amaba.

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