—Al principio —comenzó explicando el joven atari— hay que ser especialmente cuidadoso con la elección del sistema solar que le asignamos. —Rozó suavemente la bola cristalina que estaba incrustada en su escritorio y una infinidad de minúsculas esferas centelleantes aparecieron flotando en el orbe de vidrio—. Las características de la estrella madre van a definir el flujo de energía durante toda la vida del planeta. Es algo fundamental.

—Ajá. —El humari que le acompañaba, un reputado miembro del Comité Universal de Creaciones, sonrió deleitado al comprobar el hábil manejo que el joven científico tenía sobre aquel artefacto—. Imagino que el siguiente paso será escoger la distancia óptima a la estrella, así como las dimensiones y composición del núcleo.

—En efecto, esos son algunos de los muchos parámetros que hay que definir. —El atari continuó frotando con suavidad la superficie transparente del cristal. Sus movimientos eran fluidos y podrían parecer algo caóticos y caprichosos para el observador casual, pero llegar a dominar el arte de la hyalúmica no tenía nada de espontáneo; era una técnica que costaba siglos aprender, y que incluso algunas de las mentes más brillantes habían dado por imposible—. La disposición de las placas continentales, la intensidad del campo magnético, el periodo de rotación... todo ello tiene una gran influencia en el desarrollo geológico de un determinado mundo. Un pequeño error de cálculo puede propagarse de forma exponencial en el tiempo y dar al traste con toda la planificación original.

—¿Y qué ocurre en esos casos? —El inspector se acercó a la superficie del artefacto para observar mejor su interior—. ¿Qué se puede hacer cuando hay alguna descompensación en, digamos… la atmósfera del planeta?

—Existen mecanismos automáticos que regulan las condiciones nominales del sistema. —El humari reveló una mueca de desconcierto que incitó al joven científico a explicarse mejor—. Es decir, podemos detectar cuando algo no va del todo bien e introducir algunas modificaciones. Pero estos mecanismos no siempre funcionan correctamente. Su tiempo de reacción es demasiado grande y el margen de maniobra, pequeño.

La esfera de cristal, el artefacto creador de mundos, funcionaba también como una lente de millones de aumentos. En su superficie podían distinguirse ya numerosas cadenas montañosas, muchas de ellas en llamas, expulsando magma de su interior y modelando la orografía del planeta. Poco después, la crepitante actividad volcánica cesó, generando, ante la atónita mirada del humari, una atmósfera densa que paulatinamente fue diluyéndose, precipitando su contenido sobre las rocas candentes de la superficie y dando lugar a los ríos, lagos y océanos.

—Por ello, vamos a probar una nueva tecnología esta vez. —El atari sonrió, impaciente por mostrar su nueva idea al público—. Dotaremos al planeta de vida propia, de consciencia, semejante a la nuestra. Esta consciencia se encargará de restablecer el orden si es necesario.

—Maravilloso. —El orbe de cristal emitió un intenso destello. El planeta comenzó a palpitar vívidamente—. ¿Y qué nombre ha de recibir esta nueva tecnología?

—Gaia —respondió el joven—, la llamaremos Gaia.


Comentarios
  • 3 comentarios
  • Me ha gustado el relato. Está bien escrito, engancha desde el principio, y me pareció muy original cómo has dado vida al objeto inanimado. Enhorabuena!

  • Muchas gracias Diego!

  • Martu @m_watt fa 7 mesos

    Está muy bien escrito y se hace muy ameno. Felicidades


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