Al despertar me sorprendió un intenso dolor de cabeza.

—Agh —gruñí, apretando con fuerza los puños.

Algo se me clavó en la mano. Miré. Era una llave metálica, de aspecto nuevo y bastante corriente. Me incorporé  y miré alrededor con fastidio; empezaba a hartarme de tantas pruebas. La habitación en la que me encontraba era muy extraña. Parte del mobiliario estaba ordenadamente pegada al techo, y el resto estaba desperdigado por el suelo sin criterio alguno. Era como si hubieran querido crear un decorado impactante y a medio camino hubiesen desistido.

Una voz me sobresaltó.

—Encuentra la caja —dijo simplemente.

Giré la cabeza, buscando su procedencia. Al hacerlo ubiqué, en la misma esquina, una cámara y un altavoz. Me volví para que no me vieran sonreír; quien había hablado había intentado aparentar un tono neutro y mecánico, pero fracasando estrepitosamente. Yo había detectsu nerviosismo. Principiante.

Comencé a recorrer el cuarto, pero no había ninguna caja, ni nada que se pareciera ni lo más remotamente a una. Hallé una puerta en la esquina opuesta a donde estaba la cámara, semioculta entre percheros rotos. Su cerradura parecía tan reciente como la llave que me habían dado. Ajá. Con una sonrisa satisfecha, metí la llave en la cerradura y la giré, esperando escuchar el característico clic. En lugar de eso, la cerradura se resistió. Impaciente, seguí haciendo fuerza. La llave comenzó a girar y... crac. Atónita, me quedé mirando el trozo partido que aún sostenía en la mano. ¿Cómo podía haberme equivocado? La sorpresa fue sustituida por enfado. Con el orgullo herido pateé la puerta y esta, para mi disgusto, se abrió sin oponer ninguna resistencia. Ni siquiera había estado cerrada. Con un chirrido quedó revelado un diminuto cuarto, vacío a excepción de una sencilla caja de madera. No tenía cerradura.

—Enhorabuena por encontrar la caja —dijo la voz, apenas ocultando una risita tras su falso ritmo mecánico—. Ábrela.

Con pisadas algo más fuertes de lo necesario, avancé hasta el paquete y lo tomé. Esperaba que abrirla tuviera algo de dificultad, pero su tapa se levantó tan pronto como mis manos hicieron contacto con ella. En el momento en que miré dentro, sin embargo, comprendí por qué la caja se había abierto a mi voluntad, y por qué los Altos Mandos me habían mandado a por ella con la excusa de otro examen sorpresa. Llevaban mucho tiempo buscando lo que contenía. Si tan solo hubieran sabido que yo también... Sonreí. ¿Quién hubiera imaginado que ellos mismos me lo pondrían en bandeja?

—Dinos lo que hay dentro.

El propietario de la voz ya  ni siquiera se molestó en mantener las apariencias. Su impaciencia era palpable.

—Ja...ja, ja, ja, ja, ja —. No pude evitar desternillarme—. ¡Ni siquiera sabríais cómo usar esto!

—¡Agente! ¿¡Qué hay en la caja?!

El pánico tiñó la voz de mi interlocutor. Quizá empezaba a darse cuenta del error que habían cometido.

—Oh, dile a los Altos Mandos que no se preocupen; lo sabrán pronto.

Hubo un fogonazo de luz, y la cámara dejó de funcionar.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Martu @m_watt fa 5 mesos

    Me ha encantado. La ortografía es perfecta y la trama también. Felicidades


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