Dolor. Es la palabra que usamos para describir uno de los sentimientos más potentes que tenemos, para expresar a nuestra manera que nos estamos ahogando por dentro, en menor o mayor escala.
Algunas personas como yo llegamos a tener todo un océano por dentro, nos sentimos anegados hasta más no poder. Aveces tenemos suerte y logramos superar ese dolor, otras veces no, y nos perdemos en el intento.
Yo estoy perdido.
Cuando somos niños nos enseñan a estar agradecidos por lo que tenemos, a no envidiar lo que no, a conformarnos, o a conseguir lo que deseamos de buena manera. Por mala suerte no puedo regresar personas de la muerte. Por más que lo intente no podré. Y sin el no viviré.
Por eso estoy aquí, al pie de la tumba de mi hermano Christian, seis días despues de su funeral, seis días despues de yo mismo haberlo enterrado. Para luchar por conseguir lo que más deseo, por ultima vez.
Pero por mala suerte no puedo conseguirlo solo, necesito ayuda. Por primera vez necesito ayuda para enterrar a alguien.
Soy enterrador, lo hago desde hace años. Sepultar a personas era normal para mi hasta hace seis días. Cuando pasé de ver el dolor, a sentirlo.
Le pedí a Nathan, mi amigo de la infancia, y actual profesor de institutos, reunirnos aquí, a media noche, en la tumba del recién muerto militar de guerra Christian Johnson, del desconocido Hopeless Town.
Reconozco su camioneta destartalada cuando aparca cerca de la entrada del cementerio.
El pueblo es tan poco habitado que las muertes son en promedio una por año. El cementerio es tan pequeño que puedo ver el inicio y el final sin complicaciones, y el espacio para los autos también.
Espero este lo suficiente cerca para hablar.
—Gracias por venir—le digo.
—No, amigo. Te ayudaré en lo que necesites—responde Nathan situándose a mi lado.
—Bien, porque te necesito dispuesto a todo.
—Haré lo que sea si te hace sentir mejor, Ken.
Con esa afirmación me inclino, y de los arbustos junto a la tumba saco la pala para escavar que traje.
—¿Qué quieres hacer?
No contesto. En su lugar comienzo a remover la tierra de la tumba de mi hermano.
—¿Quieres sacar a tu hermano de ahí?—Pregunta exaltado Nathan.
—No, quiero estar con él.
—¿Qué?, ¿para eso me necesitas?, ¿para enterrarte con tu hermano?
—Sí. Y aceptaste hacerlo
—¡Porque _no me lo esperaba_!
Sin escuchar su opinión continuo removiendo la tierra hasta que la pala toca el féretro. Me tiro en el interior del agujero y con las manos termino de quitar los restos de tierra.
Cuando encuentro por donde abrir la tapa, lo hago.
El mal olor llega a mis fosas nasales, pero no me importa. Estaré con mi hermano.
—Tengo su arma—le informo a Nathan—, me dispararé. Tu solo debes cubrir la tumba de nuevo.
—No, no puedo dejar que lo hagas—solloza.
—Lo haré. No puedes detenerme. Solo cubre la tumba. Hoy el enterrador será enterrado.
Y disparo.

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