El oficio de enterrador siempre ha sido parte de mi familia. Durante los primeros años practicándolo tuve una vida lúgubre, pues nunca pude afrontar por completo la muerte. Todas esas personas que enterré pude algún día verlas o cruzármelas por la calle, sin embargo, siempre las conozco cuando ya están desprovistas de vida. Hace dos siglos que esto ya no es así. Desde que la inmortalidad llegó, los cementerios fueron desapareciendo uno a uno. Yo soy el ultimo enterrador que queda en esta ciudad pues, aunque logramos ganarle el juego a Dios mismo, aun podemos morir. Muchos mueren en viajes y accidentes... mientras que otros solo deciden morir, con ello la muerte dejó de ser un tema oscuro y los entierros no volvieron a ser tristes, pues quienes deciden fenecer emanan una paz y una felicidad indescriptible.

Agatha me despierta con un suave movimiento —tenemos que hablar amor—

—Dime mi vida, porque luces tan preocupada— sus ojos lucían llorosos.

- Eh... esto no es fácil de decir para mí. He estado pensando mucho últimamente, sintiendo como he perdido con los años todas mis fuerzas de seguir adelante... Bien sabes que te amo y que desde que te conocí he querido pasar cada segundo de mi tiempo contigo. Sin embargo, desde hace unos años me he sentido diferente. Mi vida se ha vuelto gris, nuestros hijos ya no nos visitan y siento que mi tiempo aquí ha finalizado. Ya no me queda nada por hacer, nada más por lo que luchar y eres tú, el único que me hace feliz en estos días tristes— La voz comenzó a temblarle.

—P...pp...pero Agatha, no puedes dejarme solo— tome sus manos mientras le rogaba.

—Lo siento, sé que temes morir y por eso no me acompañaras, así que, por favor, entiérrame y sigue con tu vida—.

Colapse, no me lo esperaba, ¡mi amada Agatha! a ella si la conocía bien y no la imaginaba gélida entre mis brazos... Quizás si yo no fuera enterrador la posibilidad de morir nunca se le habría pasado por la cabeza. Todos los cuerpos que he enterrado atormentaron mi cabeza y mi mente se nubló.

Los días previos a su muerte fueron desesperantes, yo lloraba y ella se limitaba a abrazarme dulcemente. Fue una despedida amarga, no dormí durante noches enteras y ella se limitó a despedirse de cada una de las personas que le importaban. La tensión en mi cabeza crecía a medida que el día se acercaba y mi cuerpo no respondía correctamente. El día de su muerte lució un bello vestido blanco, justo como en nuestra boda. El líquido entro en su cuerpo y poco a poco su piel fue perdiendo su color y sonrió complacida hasta el último segundo. Confirmada su muerte me acerque. Sentí su helada piel y las lágrimas dejaron de brotar de mis ojos. Acerque mi mano a su mejilla y con una punzada en el pecho caí sobre mi amada justo como ella hubiera querido.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Midyakri @Midyakri 5 years ago

    Hola Elizabeth, Quería responderte a tu comentario sobre mi evaluación :) de este texto para decirte una cosa. La gramática, la puntuación en los diálogos, la ortografía, se va aprendiendo, se va adquiriendo. No te preocupes. Las buenas ideas, la imaginación, las emociones y las descripciones que incorporas a tu relato son lo que harán de ti una gran escritora. Porque son las cosas que te impulsan a escribir y que no se aprenden el resto lo irás adquiriendo :) Mucho ánimo en tu camino!


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