Acompañada únicamente por el silencio, la enterradora arrastró los pies lentamente hasta alcanzar una de las muchas lápidas que poblaban aquel pequeño cementerio. Emitió un largo suspiro antes de agacharse y posar sobre esta un ramo de lirios blancos, justo al lado del nombre del habitante de aquella tumba: Michael Barlow. Apoyó todo su peso en la pala y dejó que su mirada, prácticamente borrosa a causa de las lágrimas, se perdiera en aquellas dos palabras.

— ¿Quién hubiera imaginado que algún día lloraría tanto por ti, que tu muerte significaría tanto? —Inquirió, alzando la mirada a las nubes y pestañeando —.No me lo esperaba, no esperaba que pese a haber crecido sin ti, tu pérdida fuera a dolerme.

Apoyó la rodilla en el suelo húmedo y tocó la fría piedra bajo la que él residiría a partir de entonces. Fue un gesto fugaz antes de levantarse y dar media vuelta, pero cargado de todo aquello que quería decirle y no era capaz de transmitir con palabras.

A medida que se alejaba el peso liberaba sus hombros y sentía que era más fácil respirar.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar