—¡No me lo esperaba!— Pensó el muchacho mientras se levantaba, otra vez se había quedado dormido en el sofá.

—Mi esposa me va a matar, ya van varias noches que me quedo dormido viendo la televisión— seguía pensando mientras subía las escaleras y tocaba la puerta.

—Amor, voy a salir al trabajo, sé que es domingo, pero soy el único que está disponible— murmuró mientras tocaba la puerta con suavidad.

Bajó las escaleras mientras miraba el reloj —Maldición, ya es muy tarde—. En la pequeña mesa había un emparedado de jamón —¡Gracias cariño! Seguramente tendré mucha hambre después del trabajo— agradeció mientras tomaba el almuerzo.

Al salir de casa vio la bicicleta de su vecino, estaba tirada en medio de la calle, tomó la bicicleta y llamó a la puerta.

—¡Señora Méndez! Alberto otra vez dejó su bicicleta afuera, sé que vivimos en un barrio tranquilo, pero no hay que confiarse.— Gritó mientras golpeaba la puerta.

Nadie contestaba, —Seguramente están en el mercado— pensó mientras guardaba la bicicleta en su cochera. Regresó a la puerta de la vecina y dejó una nota:

“Señora Méndez, la bicicleta de Alberto está en mi cochera, perdón por tomarla, pero no hay que dejar cosas de valor en la calle. Mi esposa está en casa, ella con gusto le regresará la bicicleta. Intenté llamar a la puerta, pero nadie estaba.”

Iba a tomar las llaves de la camioneta, pero se detuvo a medio camino. —Seguro que hay un embotellamiento y estaré atrapado todo el día— Mejor se subió a la motocicleta.

Y dicho y hecho, las calles estaban infestadas de automóviles, ninguno se movía y nadie salía de sus vehículos. Solamente el rugir de la motocicleta se escuchaba en toda la ciudad.

—Seguramente hubo un choque y por eso nadie se mueve— pensó mientras conducía entre los automóviles. —Son muy considerados al no utilizar las bocinas— Volvió a pensar mientras seguía su camino entre el laberinto de vehículos.

A la hora de viaje llegó a su destino. Era un enorme edificio rodeado por automóviles, casas rodantes y mucha basura. Dejó la motocicleta encadenada a un poste después de serle imposible transitar con tanta basura. Siguió caminando sobre los cofres de los automóviles.

Dentro del edificio había un campo, y sobre él su trabajo. Había muchas cosas que hacer, tomó una pala y empezó a excavar tumbas. —Tengo que terminar este trabajo, mi esposa me espera en casa, hoy la voy a llevar al cine— Pensó mientras enterraba el cadáver de una mujer.

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