Frente a Wajk, el sumo sacerdote termina de representar un fragmento de La Venida de los Dioses mientras el resto de la congregación escucha en solemne silencio.

— Acércate, Wajk —dice de pronto el sumo sacerdote al joven sentado en primera fila. Está poco acostumbrado a su nombre real, que en otros tiempos fue “espécimen”, por lo que no reacciona hasta que un brazo firme lo empuja hacia el altar. — Muéstrate, deja que todos te vean.

— Sí, Maestro —responde Wajk dejando caer la capa y mostrando su cuerpo desnudo. Es un gesto que había practicado anteriormente, los feligreses se arrodillan y cantan al unísono: «Nasáh, Nasáh».

— ¡Observad, hermanos! ¡El regalo de los cielos! —grita alguien entre el gentío.

— ¡Los Dioses han venido a dejarnos esta señal! —responde alguien más.

El sumo sacerdote mira a la multitud y sonríe complacido, mientras un avergonzado Wajk clava su vista en el suelo. Los Dioses se lo llevaron y ahora ha vuelto, pero no se considera ninguna señal, y mucho menos un regalo.

Se apresura a tapar la desnudez de su cuerpo. Le avergüenza la forma en que su estancia en el mundo azul le ha cambiado su fisionomía. Le da miedo que la gente lo tome por un monstruo pequeño y deforme.

— Alza tu voz, Wajk, el que ha ido y ha vuelto, el que ha mirado a los creadores a la cara, y dinos: ¿Qué mensaje nos envían? —el silencio domina la estancia cuando el sumo sacerdote formula la pregunta.

— Es un mensaje de amor, Maestro —responde Wajk con entusiasmo. — ¡No nos han olvidado!

El sacerdote asiente en conformidad mientras los cánticos regresan con más fuerza entre los presentes. Por supuesto nada de esto es cierto. Wajk no volvió con ningún mensaje, pero el líder de Discovery decidió que los feligreses necesitaban buenas nuevas.

— Cuéntanos, oh elegido, ¿qué has aprendido de viaje más allá de las estrellitas del firmamento? —pregunta con ansia uno de los creyentes.

— Los Dioses sufrieron en su mundo un cataclismo y perdieron el contacto con nostros —recitó Wajk. — Pero ahora, tras todos estos ciclos orbitales, quieren conocernos. ¡La Nasáh nos sigue amando!

«¡Nasáh, Nasáh!», ya no cantan, sino gritan. Se oyen sollozos entre los presentes. El sumo sacerdote da un paso al frente y muestra a la multitud la daga ritual.

— Y, ¿cómo son esos Dioses, Elegido?

— Son… —Wajk duda por un momento, pero después su rostro se ilumina con una sonrisa. — Son como nosotros, nos crearon a su imagen y semejanza.

— Entonces, ¿dirías que sangran? —replica el sacerdote.

— Sí —dice el joven, aunque realmente no sabe qué responder ante la sorprendente pregunta. — Sí, supongo que sí.

Su sorpresa se acentúa cuando la daga atraviesa su cuello media docena de veces y su cuerpo cae al suelo desangrándose.

— ¡Sí, hermanos! —retoma el Sumo Sacerdote, limpiándose las alargadas manos con un paño. — La Nasáh puede sangrar. ¡Y sangrará!

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 5 years ago

    He visto un par de cosillas a corregir: hay un "nosotros" al cual le falta una letra. Por otro lado, los parlamentos van pegados a la raya de diálogo, el espacio que has colocado no debería estar ahí. Los incisos comienzan y terminan con una raya. "—Es un mensaje de amor, Maestro —responde Wajk con entusiasmo—. ¡No nos han olvidado!" Por último, si un inciso no comienza con un verbo "dicendi" se debe escribir en mayúscula inicial. "—Alza tu voz, Wajk, el que ha ido y ha vuelto, el que ha mirado a los creadores a la cara, y dinos: ¿Qué mensaje nos envían? —El silencio domina la estancia cuando el sumo sacerdote formula la pregunta." Supongo que ya te habrán hecho ver estas cosillas en los comentarios, pero por si las moscas te lo digo. ;·) Es un relato curioso. Me ha gustado estar rodeado de acólitos religiosos... Jejeje. Pese a ello creo que el final no tiene el impacto que creo has querido plasmar. Un saludo.

  • EndikaP @EndikaP 5 years ago

    Gracias Wolfdux, todo comentario acerca de formalismos es siempre bien recibido. Entre lo poco dado que soy a revisar y que lo hago mal, es la única forma que tengo de aprender. Este relato ha sido todo un fracaso, porque en general muy poca gente lo ha entendido (de hecho, sólo mi hermano). Normalmente no me gusta tener que explicar lo que he escrito porque me parece que es la señal más clara de que no has sabido expresar lo que tenías en mente. La gente quiere leer un relato, no tener que leerse la versión extendida con comentarios del director para poder entenderlo. En principio el climax del relato era el entendimiento por parte del lector de que esos Dioses no son otros que los propios humanos, la NASA, y que lo que vemos en el relato son los tataranietos de los viajeros olvidados de alguna expedición estelar. Intenté dejar un pequeño rastro de pistas, pero es más que obvio que he fallado estrepitosamente en mi empeño. En mi cabeza, sabiendo lo que sé y sabiendo lo que quería decir, me gustó. Pero claro, la gente no tiene acceso a mi mente (gracias a Dios), así que para futuras ocasiones me tendré que esmerar más y dejarme de experimentos.


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