Llevo eones esperando este momento. Al atravesar el umbral del Templo me libero de la poca envoltura corporal que me quedaba.

Ahora soy pura luz, pura energía.

Soy etérea. Soy una Guardiana de Luz.

Y estoy aquí para conocer mi destino.

—Alya…

Las paredes inmateriales susurran mi nombre entre los jirones de bruma. Me deslizo hacia el altar donde me espera el creador, el hacedor de todos los designios: Antares, el Protector.

Se que no debo tener miedo, que mi ente debe ser todo paz. Pero no puedo evitar que mi resplandor titile como una estrella a punto de morir.

—Guardiana, acércate. Déjame ver en tu interior…

Una parte de mi quiere demostrar al Protector toda mi fuerza y voluntad. Otra trata de esconder mi miedo a fracasar.

Miedo a que vuelva a suceder lo que ya me ocurrió tantos milenios atrás.

—Antares, estoy preparada.

Mi voz no es voz, sino una especie de murmullo que se funde con la cadencia del universo.

—Lo sé, Alya. Me leäs solaris do solas

“Haz de tu luz mi luz”. El momento ha llegado. Debo fundirme con la inmensidad. Siento el calor de Antares, me dejo llevar por su gravedad…

Y una fuerte succión me arrastra, la misma oscuridad que me secuestró en mi más tierna juventud para llevarme a un mundo en penumbras.

La escena es igual, pero ahora siento al Protector junto a mí, en mis recuerdos. No puedo evitar derramar chispeantes lágrimas cuando escucho otra vez la melodía…

—¿Estrellita, dónde estás? Siempre arriba brillarás… Si te veo relucir, voy contento a dormir…

El pequeño ser que habita este mundo deja caer su cabeza lampiña sobre un manto lechoso. Es tan frágil, tan vulnerable. Y tiene tanta negrura en su interior…

—Eso es, cielo. Descansa. Mañana mamá volverá a verte —responde otra criatura, de materia color rosado —. Te quiero…

Sale de la estancia dejando tras de si el rastro de un inabarcable amor y yo, sintiendo el mismo temor que aquel día, me deslizo hasta el pequeño ser, que ha cerrado sus ojos azabache. Estoy examinando los tentáculos que conectan su delgada extremidad con un ingenio mecánico, cuando un pitido monocorde rompe la quietud.

En solo un instante la poca luz que quedaba en su interior ha sido engullida por la maligna oscuridad. Ha perdido la batalla.

Y yo no he podido evitarlo.

—Alya, no había nada que pudieras hacer…

He regresado de mis recuerdos y el Protector me envuelve con su brillo, reconfortándome.

—Quería salvarlo. Esa es mi labor.

Antares resplandece con alegría. Está riendo.

—No, hija. No puedes conservar su vida, debes ayudarle a dejarla ir… Tu trabajo es cuidar la luz que escapó. Tu labor como Guardiana es proteger su alma.

La revelación hace que todo mi ser resplandezca como una supernova. Ahora conozco mi destino.

—Ve, Alya, y comparte tu don…

Mi ente reaparece junto a otro ser. Frágil. Moribundo.

—Ven conmigo —le susurro al tiempo que recojo su alma con mi luz…

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 5 years ago

    Al principio no sabía por donde ibas a salir con el relato y he andado un poco perdido. Me parece una idea de lo más original. Por casualidad, no sabrás que beneficios (o no) tiene el poner un "tesoro" en los relatos, ¿verdad?

  • Coral Mané @coralmane 5 years ago

    @Wolfdux creo que sirve para poder "guardar" los relatos que mas te gustan y poder encontrarlos mas fácilmente. Si te metes en tu perfil, en la parte superior te aparece: Tesoros. Y ahí tienes todos los relatos que has marcado.


Tienes que estar registrado para poder comentar