Observó las paredes de cuarzo blanco que la rodeaban, dando forma a la sala principal del templo. Cerró los ojos y sonrió con nostalgia, hacía mucho desde que aquel lugar la acogió. Se giró y miró por el gran ventanal al fondo de la estancia, observando las estrellas y recordando aquel día.

Tendría unos dieciséis o diecisiete años, recordaba vagar por las calles, en busca de algún sitio a cubierto de la lluvia. Estaba anocheciendo e intentó llamar algún taxi que la acercase al refugio donde dormía. Tan enfrascada estaba que no se percató de la sombra que se le acercó por detrás, antes de darse cuenta, ya estaba inconsciente.

Cuando despertó, lo hizo en una una nave espacial, cosa que descubriría más adelante.
De alguna manera, acabó sentada en una gran sala, abarrotada por adolescentes. O al menos, eso parecían. Todos estaban alarmados, exceptuando al chico sentado a su izquierda, él parecía más calmado. Le hubiera preguntado que ocurría, de no ser por el temor que le causaban sus amenazantes colmillos y su piel púrpura. Él, al ver que lo miraba, sonrió pícaramente.

— ¿Y tú de que planeta vienes, guapa?

— ¿Perdón?

— Que de qué planeta vienes, no es tan difícil ¿no?

— De la Tierra.

— Me quiere sonar... ¿Galaxia y sistema?

— Vía Láctea, Sistema Solar.

Más tarde, un grupo de seres con armaduras les comunicó que pertenecían a la religión Ralian, un grupo de razas de lo más variopinto con sede en el planeta del mismo nombre, el cual se encargaba de "recoger" jóvenes sin hogar y otorgarles una nueva vida: en Ralian, en otro o en el suyo de origen. Al llegar, los llevaron al templo principal, donde años más tarde se encontraba ella. Un hombre de piel púrpura la abrazó por detrás.

— ¿En qué piensas, Estrellita?

Habían pasado muchas cosas desde aquel día. Ella, agradecida por todo lo que los Ralian habían hecho por ayudarla, decidió quedarse y ayudar tanto a la causa como a otros jóvenes necesitados. Al final había acabado convirtiéndose en uno de los líderes de Ralian y su primer amigo allí, ahora pareja, se había convertido en el líder de _Los Defensores_, grupo que se encargaba de proteger Ralian.

— En nada, solo recordaba.

Él la besó y la soltó.

— ¿Lista para recibir a los nuevos?

— Eso creo.

Él cruzó la sala y abrió los portones, dejando entrar a los nuevos refugiados. Ella cogió aire y comenzó a hablar.

— Bienvenidos, supongo que antes de llegar os habrán hablado de Ralian en la nave. Soy la líder Estrella, una de las gobernantes del planeta y vuestra guía hasta que escojáis vuestro camino.

»Yo también llegué en una nave, hace ya mucho tiempo. Al principio tuve miedo, los ralians me arrastraron a un mundo desconocido. Pero resultó que ese mundo me gustaba más que el que ya conocía y decidí quedarme. Ellos me ayudaron a encontrar mi camino. Espero poder hacer lo mismo por vosotros.

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