El silencio volvió a reinar en el templo al terminar el cántico de sus miembros.

—Amo, no entiendo porque estamos aquí… —comenzó a decir PIA.

—No estás programada para entenderlo. Son sentimientos y tu sistema neuronal aún no ha sido desarrollado para poder procesarlos.

PIA era un pequeño androide de poco más de un metro de altura, con los rasgos característicos de un humano de alrededor de diez años. Sus siglas significaban Procesador de Inteligencia Artificial y era de creación humana.

Kardhan siguió avanzando por la sala secreta del templo buscando algo entre sus estantes.

—Me gustaría comprender —contestó ella.

Él se giró y se quedó mirándola un momento. La cubierta de piel sintética programada hacía que se asemejase mucho a su hermana Lana. Algunos momentos agradecía ese parecido, aunque la mayoría de veces le causaba un profundo dolor. Pero así evitaría olvidar.

—PIA, por favor, dime los últimos datos que tengas sobre la raza humana.

El androide parpadeó de manera fugaz varias veces mientras procesaba la petición.

—Extintos hace dos milenios…

Unos pasos comenzaron a oírse en la planta superior, indicando que los religiosos abandonaban el templo.

PIA observó los estantes que abarrotaban la sala, repletos de esferas de cristal que contenían pequeños puntos luminosos.

—¿Qué son estos objetos?

—Galaxias —contestó Kardhan—. Cada esfera es una galaxia del universo y esos puntos luminosos son estrellitas, con sus correspondientes planetas alrededor.

—¿Cómo es posible?

Kardhan cogió una de las bolas y comenzó a sopesarla en sus manos.

—Estamos en el único templo del universo donde se rinde culto a la Creación. Es la diosa que originó desde la estrella más grande hasta el átomo más pequeño. Aquí el tiempo y el espacio son distintos.

—¿Y esa bola? —preguntó PIA señalando la que Kardhan sujetaba en sus manos.

—La galaxia Quattïg —dijo antes de dejarla caer.

La esfera impactó contra el suelo y estalló en mil pedazos, evaporándose su contenido al ser liberado de su recipiente.

—No comprendo… —murmuró PIA.

Una alarma rompió el silencio del templo y pasos apresurados se escucharon sobre sus cabezas.

—Esa raza me secuestró hace siglos, me llevaron a su planeta y experimentaron conmigo —comenzó a remover los trozos de cristal con las botas—. Cuando logré regresar, mi hogar había sido destruido por ellos. Extrajeron su núcleo y eso hizo que el planeta se consumiese. Ahora yo los destruyo de la existencia.

—Pero amo, eso es venganza…

—Así es, el peor y más doloroso de los sentimientos. Algo innato en mi especie.

Kardhan se arrodilló en el suelo y puso sus manos tras la cabeza. El castigo por lo que acababa de hacer era la muerte inmediata, y estaba listo.

—PIA, actualiza tu base de datos sobre los humanos. Muerte del último ejemplar, ahora.

Las puertas de la sala del templo se abrieron y PIA comenzó a parpadear mientras procesaba la información.

No comprendía los sentimientos, como tampoco entendía aquella presión en su procesador al ver como su amo se desintegraba.

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