La luz de las velas hace bailar los gruesos muros de piedra del templo circular en la que estamos reunidos. Cada uno reza en su lengua, buscando la paz antes de cada batalla. Pero sabemos que la batalla de hoy va a ser muy distinta a las demás. Yo nunca he sabido rezar, así que cierro los ojos y me centro en mi respiración.

Mi nombre es Alania, antes de eso fui Lucía, pero en mi recuerdo siempre seré Estrellita. Así es como me llamaba mi padre desde los cuatro años, cuando los fines de semana mirábamos las estrellas tumbados en el jardín de casa. Entre semana trabajaba de noche de guarda de seguridad, por lo que cuando le echaba de menos me tumbaba sola repasando las estrellas que compartíamos. Aquella fatídica noche, miraba extrañada a una nueva estrella que aparecía junto al cinturón de Orión, cuando una luz cegadora procedente de aquél punto me iluminó y perdí el conocimiento. Lo siguiente que recuerdo es aquella fría celda en la nave de los Grull. Era un destacamento de Recolectores. Se dedicaban a recorrer las galaxias buscando jóvenes para prepararnos de cara al mayor entretenimiento de su planeta, los Círculos de Sangre. Me arrancaron de mi familia y de mi planeta, y me entrenaron para un único fin: Matar.

Vuelvo en mí al notar los ojos de Mínor mirándome. Al cruzar nuestras miradas me sonríe, con una mezcla de cariño y admiración. Llevamos diez años luchando en los Círculos de Sangre, somos los mas veteranos. Atrás quedó el odio que sintió por mí cuando en una de mis primeras batallas maté a su hermano gemelo. Pero los Círculos son así, o matas o mueres. Y no fue nada fácil matar a aquel revoliano de cuatro brazos. El tiempo te enseña que el mayor enemigo no se encuentra en ninguno de los círculos, está sentado en las gradas.

Poco a poco los rezos dan paso al silencio, y mas ojos comienzan a posarse en mí. Nunca he querido ser la lideresa de aquella revuelta, pero los líderes de verdad los escogen los demás. Me levanto del frío suelo, y poco a poco los otros ochenta y tres guerreros me imitan. Me acerco a las puertas del templo y respiro, posando mi mano sobre el gran pomo de bronce. Todos sabemos que al otro lado de aquellas enormes puertas de madera nos espera una muerte casi segura, pero llevamos conviviendo con ella desde que nos apresaron, y hace tiempo que le perdimos el miedo. Acabar con los guardias será fácil, y por fin anoche descubrimos como romper la barrera que nos mantiene presos. Tras ella, un planeta entero de futuras víctimas nos espera.

Los Grull cometieron dos errores. El primero es que nos entrenaron demasiado bien en las técnicas de lucha. El segundo es que consiguieron que disfrutara mirando mis espadas llenas de sangre de todos los colores. Y la suya es azul, mi color preferido.

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