-¡Me ahogo!, ¡no respiro!, ¡apaguen la Luz!, ¡déjenme ir!- Los destellos violetas lastiman mis ojos, la nausea en el aire debilita mi cuerpo, algo me oprime el pecho y de repente todo se llena de luz.

Me levanto y mi cabeza choca contra el cristal, al girarme veo a cientos de fieles postrados desde las gradas. El rito apenas empieza. Para ellos es un día especial donde al fin podrán admirar a la representación viva de "La Madre" después de tanta espera. Para mí es un día más en este ataúd de cristal con cientos de extraños observándome.
"El Padre" brilla sobre mi cabeza mientras que "La Madre" un poco mas azul que ayer apenas sobresale alzándose sobre los vitrales del templo.
El rito avanza lentamente, los sacrificios son realizados y los tubos que me conectan con el rito empiezan a llenarse de un liquido espeso. Pronto los fieles son retirados y solo los más poderosos se quedan a observar el milagro. Apenas "El Padre" se esconde en el horizonte una estrellita lejana comienza a aumentar su brillo, para ellos solo era "El hijo". Para mi era mi hogar. La jaula cristalina se elevó y la pieza superior se desprendía del resto, el aire de el planeta llenó mis pulmones y el dolor comenzó. La atmósfera densa me pesaba y mi cuerpo se retorcía al sentir el veneno recorrer mis venas. Mientras tanto los otros solo me observaban deleitados mientras un brillo tenue y azulado comenzaba a emanar con las formas de mis venas, arterias y mas tarde de cada capilar en mi cuerpo. EL brillo era tal que los fieles fuera del templo comenzaron a gritar alabanzas a "La Madre" hecha carne sin saber que realmente lo que me hacia brillar era aquella luz rojiza que lucia tan lejana e inalcanzable. Mi brillo fue despojado de la misma manera como había entrado en mi el sacrificio de los fieles y poco a poco mi cuerpo se quedo sin fuerzas y paró de convulsionar.

La habitación se vació, ellos ya tenían lo que querían y yo solo quede tendida y ahogada, sintiéndome morir. A pesar del dolor este era el único momento del día que valía la pena, el recuerdo de mi tierra apenas permanecía en mi mente pero verla tan bella y brillante en la lejanía me renovaba las fuerzas para seguir soportándolo. No me encontraba sola, aquel destello rojo en el cielo me acompañaba y me consolaba, con su luz me decía que siempre estaría ahí esperando el día en el que pudiera regresar.

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