Dioses

La construcción está yendo más lento de lo que me esperaba, llevo aquí varado 15.000 soles y esto apenas acaba de empezar. Según mis cálculos, y el tiempo de sobras que he tenido para cartografiar el cielo, eso equivale a unas cuarenta y un traslaciones a la estrella de este sistema. Unas referencias que no me sirven de nada ya que no tengo forma de extrapolarlo a mis unidades de medida. Fui abandonado en este planeta en edad de madurar y ya me siento más que entrado en la etapa adulta, ese es mi único cálculo fiable del tiempo. Es poco probable que algún compatriota guiziano tope conmigo a estas alturas, y menos con los años que ya habrán transcurrido, pero rendirse no es una alternativa. He de añadir que aquí no me va del todo mal, a pesar de que el terreno es árido y el clima es más fresco que en mi planeta. No tardé muchos soles en tropezar con una especie inteligente. Vinieron hacia mí al ver aterrizar y despegar la nave de mi secuestrador. Son antropomorfos, igual que yo, pero con una diferencia notable: les saco tres cabezas y su piel es rosada. Parece que esta complexión es evolutivamente óptima en toda la galaxia entre las especies autoconscientes. El problema es que de inteligentes tienen más bien poco, están en un estado primitivo de consciencia, de ahí el pausado ritmo de las obras. He tenido que empezar de cero con esta civilización: Lenguaje, tecnología, estructura de sociedad; y eso con paciencia debido a la escasa longevidad de la raza. Es increíble lo mal acostumbrado que anda uno cuando ha nacido con todo hecho, si mi padre viera lo poco que sé hacer con los recursos de aquí, se reiría en mi cara. Por lo menos soy más inteligente que estas criaturas, por eso me veneran como a un Dios.

Por las noches el firmamento se ve cristalino. He conseguido tallar unos lentes que me permiten avistar a largas distancias, pero aún y así, no tengo más sospecha de que mi planeta pertenece a una estrellita entre trescientas mil candidatas. Imposible saber cuál. Será más fácil que me encuentren que salir de aquí, por eso he diseñado los planos de una megaestructura, tres pirámides perfectamente alineadas. Serán fáciles de detectar desde el espacio y descartará cualquier caso de pareidolia, además, el mensaje de socorro guiziano en lenguaje poligonal se escribe con tres cuadrados equiláteros. Solo tengo que sentarme y esperar a que estos primitivos terminen de construir lo que ellos creen que es un templo para mí.

De repente, un bramido rompió el cielo y una inmensa tormenta de arena emergió del desierto. Una nave cánida como la de mi captor acababa de aterrizar.

El capitán de la nave junto con su escuadrón desembarcó y anduvieron hasta postrarse ante mí. Era él.

―Hola, Seth ―dije.

―Hola, Osiris. ¿Haciendo amigos? Veo que me equivoqué al dejarte con vida en este planeta.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Wolfdux @Wolfdux 5 years ago

    Lo que me gusta: El relato, jaja. La medida del tiempo que has utilizado. El concepto "guiziano". Lo que no me ha gustado: Reconozcer que he tenido que consultar un poco la mitología de Seth y Osiris... El punch final es mejorable. Has confundido una pirámide con un templo. Un saludo. Pásate por mi relato.


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