Siguiendo las instrucciones que le habían dejado en recepción, Luis se presentó en la habitación de su futura mujer antes de la ceremonia. Tenía entendido que esas cosas traen mala suerte, pero sabía que no era buena idea discutir con su pareja en momentos de estrés.

La puerta estaba abierta y una tenue luz anaranjada irradiaba el recibidor de la habitación. La estancia había sido iluminada con docenas de pequeñas velas aromáticas.

—Pasa y siéntate —dijo una voz conocida a su espalda a la vez que se cerraba la puerta—. Ponte cómodo.

—Carlos, ¿eres tú? —respondió forzando los ojos para intentar ver en la penumbra—. Macho, no tuvisteis bastante con la despedida que todavía me tenéis que tocar más los huevos…

Un golpe con un objeto metálico lo mandó callar. Sus ojos se habían acostumbrado ya a la media luz y Carlos portaba una pistola.

—Ahora presta atención y siéntate. Allí, junto a la mesa. Tenemos que hablar.

Luis se acercó a la mesa en silencio. Sobre esta, un paquete envuelto en papel de regalo con estampado de payasos y, junto a éste, una cadena que centelleaba al son de la danza de las pequeñas llamas que iluminaban la habitación. La reconoció al instante, se la había regalado a Macarena en su segundo aniversario; un pequeño ángel de plata. La cogió en sus manos y la observó desconcertado.

—Se la deja en todas partes, ¿verdad? Si no tuviera la cabeza pegada al cuerpo seguro que la perdería también —dijo Carlos con una sonrisa que revelaba todos sus dientes. La tenebrosa iluminación le confería un aire depredador.

—Oye tío, ¿dónde está Maca? De verdad —rogó Luis—. De verdad, no tengo tiempo…

—¡Cállate, hijo de puta! ¡Cállate te he dicho! —gritó en su cara—. Es el día más feliz de tu vida, ¿verdad? —preguntó apuntándole con la pistola—. Lo es. Te lo veo en la cara. Estás feliz, ¿no? ¡Que me respondas, hijo de perra!

—Sí, sí —se apresuró Luis—. Claro que lo estoy. Maca es la mujer de mi vida.

—Bien. Pues quiero que me hagas un regalo. Sé que es poco habitual, que esto normalmente va al revés, pero me apetece que tengáis un detalle conmigo —señaló al paquete sobre la mesa—. Te lo he envuelto yo y todo.

—¿No tendríamos que esperar a Macarena y así ya te lo damos juntos?

—Que me des el puto regalo —dijo levantando la pistola a la altura de sus ojos.

Luis, obediente, recogió el paquete y se lo tendió. El bulto era pesado, pero no escuchó ningún tintineo ni nada que le ayudara a reconocer su interior.

Carlos lo abrió con ademanes de niño, echó un vistazo adentro y miró a Luis con la misma horrible sonrisa de antes.

—Gracias Luis, es lo que siempre he querido —dijo tendiendo su recién adquirido regalo en dirección a su amigo.

Entre sus manos, la cabeza de Macarena acompañó en sordo silencio el grito desesperado de Luis.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Quizás se puedan echar en falta las motivaciones de Carlos o los acontecimientos ocurridos en la despedida para poder comprenderlo. Pero esto no le resta fuerza al relato. Me gusta mucho. Reconozco que imaginé un paquete de reducidas dimensiones pero las palabras de Carlos anticipan un desenlace que no supe ver. Solo hay una cosa que podrías tener en consideración: “—Sí, sí —se apresuró Luis—. Claro que lo estoy. Maca es la mujer de mi vida.” me falta un “a decir”, “a susurrar”… entre “apresuró” y “Luis”, pese a que el inciso sea claro. Un saludo.


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