Le encantaba mirarla mientras ella fingía dormir.
Sus mejillas sonrosadas, el gran manto pelirrojo cubriendo la almohada.
Y esa forma de abrir sus ojos ambarinos.
—Buenos días, reina.
—Lucio, amor—respondió Laila entre sus labios —. Hoy es un día muy especial…
—Estamos a punto de conseguirlo.
—A punto de ser los reyes del mundo… —susurró ella inclinándose sobre el torso de su amante.
—Mi reina. La Reina.
—El Rey…
Los primeros rayos de sol cayeron sobre sus cuerpos desnudos, entrelazados; mientras ellos despertaban el placer que los mantenía vivos.

Dejando que el fuerte chorro de la ducha calmara sus pulsaciones, Lucio pensó en lo afortunado que era.
Tenía a cientos de mujeres a sus pies. Y al lado a la mejor de todas ellas.
Tenía en sus manos la vida —y la muerte— de miles de personas.
Era apuesto, inteligente, rico, poderoso.
Pero sobre todo, era libre.
—Las ventajas de ser un ángel —dijo contemplándose en la mampara empañada —. Caído —completó con una media sonrisa.

—Estoy listo.
—Perfecto —Laila, majestuosa como siempre, le esperaba frente a un gran ventanal desde el que se contemplaba toda la metrópolis—. Ven un momento, quiero darte una cosa.
Lucio atravesó el umbral del diáfano salón, ataviado con su mejor traje y una corbata roja.
—Te va a encantar. Ábrela.
Le tendió una pequeña caja envuelta en papel de regalo que ocultaba tras su espalda. Lucio la desenvolvió, tomándola entre sus manos.
—¿Es madera? —preguntó extrañado.
—Sí. De acacia.
Los hábiles dedos del joven lograron descorrer el cerrojo oxidado y destapar el cofre. Una misteriosa luz, cálida y dorada, emergió de entre ellos.
—Qué… ¿Qué es esto?
—Lucio, amor mío, deberías reconocerlas…
Claro que las reconocía. Cómo no iba a hacerlo. Habían sido parte de él durante tanto tiempo…
Una parte que nunca esperó recuperar.
Que nunca quiso recuperar.
—Lilith, ¿cómo has podido?
Ella ahogó una carcajada.
—Lucifer, está en mi naturaleza. Tú te revelaste contra Él. Ahora yo me revelo contra ti.
—Pero… Yo te quiero.
—Tú solo te quieres a ti mismo. Solo quieres placer, poder. Al igual que yo. Cuando le dije que devolviéndote tus alas podría redimirte, no se lo pensó dos veces. En el fondo siempre quiso que volvieras… —Lilith le sostuvo de la barbilla, obligándole a levantar la mirada de sus ojos vidriosos —. Que volvieras a estar bajo sus órdenes…
—No, no puede ser —jadeo él sintiendo como, poco a poco, la luz volvía a su interior para limpiar su oscuridad.
—Solo puede haber un rey en los abismos…
Lo último que vio Lucio antes de desaparecer en medio de una explosión de calor fueron los cabellos rojos de Lilith revoloteando a su alrededor, como una areola de áspides.
Lucifer, Satán, Diablo, Demonio… Sus nombres, su vida, su existencia durante milenios se fue diluyendo mientras su ente ascendía hacia los cielos.

—Luzbel, querubín mío… —dijo Él.
Y Lucifer derramó una última lágrima antes de entregarse a la vida de bondad y esplendor que le aguardaba.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Hola, veo que no es costumbre por aquí pasarse y comentar los relatos de los demás, pero tengo mono de hacerlo… Jeje. Me gusta la historia y su final. Aunque hay un par de cosillas que no me acaban de convencer. El requisito de la caída no lo veo del todo, deja de ser malo para ser bueno. Mi educación me dice que eso no es caer, sino todo lo contrario, jeje. Pero comprendo y veo la caída del personaje a hacia el Cielo… Por otro lado, la caja es pequeña y contiene sus alas, pero tratándose de ficción nadie dice que luego al volver a “colocárselas” crezcan, jiji. A parte que era el protagonista quien debía hacer entrega de la caja... Lo que si que merece un tirón de orejas es el cambio entre Laila/Lilith. Pero salvo estas cosillas, el relato me ha gustado mucho. Con estos relatos estoy disfrutando de la religión como nunca antes lo había hecho. :·P Para terminar una cosilla que habría que revisar:“—Las ventajas de ser un ángel —dijo contemplándose en la mampara empañada —. Caído —completó con una media sonrisa.” eliminaría el punto tras el inciso y escribiría “caído” sin mayúscula inicial. Tal como lo has hecho parece que el “Caído” sea independiente del parlamento anterior.Un saludo. ¡Nos leemos!


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