Thimor introdujo las uñas en la incisión, entre la capa de grasa que separaba la dermis del músculo, y tiró. Al sonido del desgarro le acompañó un alarido. Luego un gemido exánime. La muchacha se desmayó.

—Ya te despertará Gorkh, amiga, y volverás a gritar.

Recogió con la red el residuo de horror que flotaba en el aire y lo introdujo en la caja. Adoraba ese trabajo: los gritos de los pecadores al sufrir el tormento le llenaban de energía.

Contempló el cuerpo despellejado. La muchacha apenas tendría veinte años. ¿Qué pecados había cometido para acabar allí? Thimor no lo sabía y tampoco le importaba. Él, como todos los demás, se limitaba a cumplir con su trabajo en la cadena de tortura.

Cogió la piel de la joven y la extendió frente al ventanal. La luz del sol negro, junto con el aire cáustico del Arahllu, atacaba y curtía las pieles volviéndolas una suerte de papel gomoso.

El torturador examinó su trofeo.

—Una buena pieza. Sí, señor.

De repente vio el tatuaje, justo entre los omoplatos: un rosa de los vientos. Sendas alas rojizas surgían de ella.

El torrente de recuerdos le sacudió. Agitó la cabeza y logró apartarlo, pero la sensación de incomodidad ya había hecho presa en él.

Un sonido burbujeante inundó la sala: el reloj de almas, marcando un cambio de turno.

Thimor miró la caja. Contenía todo el balance del turno: horror y dolor en estado puro. Delicioso.

Pronto llegaría el contable.

Recogió sus instrumentos, dispuesto a terminar. Agarró la caja del balance. Sin querer, su mirada derivó a la piel extendida al sol. Aquellas alas de intenso bermellón…

Los recuerdos regresaron. Esta vez no pudo esquivarlos.

Una huida. Un bosque. Una cabaña.

Una captura. Un juicio. Una sentencia.

La visión sacudió al torturador. Paralizado, sus dedos se engarfiaron sobre la caja.

Dolor. Insoportable, inaudito.

Un hacha parte su espalda. Las costillas, quebradas, asoman por las dos heridas.

Las piernas de Thimor temblaban: hacía eones que no revivía aquello. Bajó los brazos, de repente sin fuerzas. La caja cayó y rodó por el suelo.

La epifanía continuó.

Unas manos. Agarran sus pulmones. Los sacan por entre las costillas.

Un latigazo de agonía final.

El águila de sangre se eleva cargando su alma. Buscan Valhala, pero les recibe una figura alada y resplandeciente que emana paz.

La visión desapareció. Thimor regresó a la realidad. Debía apartar de sí la visión.

Aunque seguía presa de escalofríos, logró atinó a recoger la caja. Cogió la piel: resecada, ahora parecía un delicado papel de regalo. Recortó un pedazo rectangular de la espalda. Envolvió con él la caja dejando el tatuaje bien visible en la parte superior.

—Thimor.

Allí estaba: alto, delgado. Su túnica blanca deslumbraba resplandeciendo gloria. El torturador contempló aquellas alas. Enormes, níveas. Preciosas.

—Ten —dijo. La caja cambió de manos.

El ángel partió dejando al torturador sumido en un único pensamiento: jamás tendría unas alas blancas, sólo el recuerdo del águila de sangre.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Hola Juan, un relato con unas pinceladas de fantasía oscura que me gusta mucho. Si bien no conocía la tortura del águila de sangre, conocía otra que es muy similar y seguramente provienen del mismo sitio: despellejar a la victima por la espalda y atarle la piel a los brazos emulando unas alas. Gracias por descubrirme una nueva forma de acabar con alguno de mis personajes, jajaja. Solo he encontrado una cosa en tu texto que me choca. En el párrafo: "Aunque seguía presa de escalofríos, logró atinó a recoger la caja. Cogió la piel: resecada, ahora parecía un delicado papel de regalo. Recortó un pedazo rectangular de la espalda. Envolvió con él la caja dejando el tatuaje bien visible en la parte superior." hay un "logró atinó" que supongo que se tendrá que corregir. Un saludo. ¡Nos leemos!

  • Midyakri @Midyakri 4 years ago

    Hola Juan, (¡Manifiéstome!) Ahhhhh ¡Demonios! me penalizó el no conocer la tortura (ahora ya googleada todo tiene un nuevo sentido) Tiene una hermosura extraña (¡AU!) Creo que toda mi confusión ha venido de que le hicieras ascender hacia Valhala (yo ya veía a una valquiria y todo) para hacer aparecer un ángel (de otra religión XD) que se lo lleva a Helheim (supongo) Al ser religiones distintas yo veía una interceptación con robo de alma (jejejeje) La parte de la envidia por las alas si la vi, incluso la de la caída que me explicas en tu contra-comentario, pero desde mi punto de vista más que caer el personaje está en bucle. Al día siguiente volverá a torturar y le volverá a gustar su trabajo. Si ese es el punto más alto de texto es fácil de recuperar y de volver a perder cualquier día ante otro detonante como el tatuaje. La cursiva funciona muy muy mal, funciona solo con líneas, no con párrafos que separes con intros (tienes que ponerla línea a línea, sip es un rollo) La verdad es que tu texto me gustó bastante y el cómo se hizo del blog también ¡¡Qué proceso tan interesante de hilado de argumento!! Estaré pendiente de leerte en próximos meses y mañana le echaré un ojo a los otros que me recomiendas de tu blog. (BTW --> Copia este relato allí también, el enlace a ELDE no le funcionará a la gente sin cuenta) En resumen (que me lío) ¡¡Un buen relato y un buen inicio de participación :) esperaré a conocer a tu guerrera!!


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