Markus había llegado muy alto, por eso la caída estaba siendo tan dura. Su equilibrio inestable de mentiras se rompió cuando le delataron y se convirtió en fugitivo. Sin dinero ni contactos, lo perdió todo. Incluso su mujer había huido horrorizada. Ahora debe despedirse de su hijo, que le mira expectante aferrado fuertemente a su pierna intentado impedir que le abandone. Alguien podría identificarle y avisar a Control de Submundo, así que Markus aparta al niño para alejarse sintiendo aún su contacto. Antes de irse, le da una cajita envuelta en papel de regalo que contiene una fotografía de Markus tomada cuando aún tenía sueños y sentimientos para que recuerde que su padre no fue siempre un traficante sin escrúpulos. Tuvo la mala suerte de nacer en los atestados túneles de Submundo, donde la comida era tan escasa como la compasión. Sabiendo que justo encima estaba Superficie, llena de lujos y prosperidad, ¿quién no mataría por cambiar de lugar? Él pagó su peaje con la fortuna y los secretos obtenidos vendiendo submundanos que nadie buscaría para satisfacer los deseos ocultos de quienes poblaban Superficie.

Aún debe resolver algo antes de desaparecer. Cerca de su destino ve un enorme cartel publicitario donde un ángel sonriente promete una vida eterna gracias a EternLab. Los laboratorios médicos de Superficie eran sus mejores clientes, y también los que más le asqueaban. Sádicos que descuartizaban submundanos para jugar a ser dioses. En ese momento, desearía que aquel ángel se materializase para impedirle hacer lo que tiene decidido. Pero eso no ocurre, así que llama al timbre y contempla la cara estupefacta de su hermano al verle.

—¿Qué demonios? Entra, podrían reconocerte.

Markus podía haberle dejado en Submundo, pero su única familia no se pudriría allí. Así que se lo llevó a Superficie ¿Y qué había obtenido a cambio?

—Sé que eres el chivato —escupe Markus.

—¿Qué? No, yo...

—¡Deja de mentirme! —grita con rabia.

Saca el arma y dispara. Mientras el cuerpo sin vida de su hermano se desploma, Markus se marcha. No tiene tiempo ni lágrimas para llorarle. Se dirige a casa de Raven, su guardaespaldas. Al llegar, éste le ofrece un whisky que Markus apura de un trago. Raven le había revelado la traición de su hermano y ahora le ayudaría a escapar.

—Todo listo, jefe.

—Gracias. —Siente un repentino cansancio.

—Es curioso —Raven sonríe—, seguro que viviste una situación parecida con mi hermana. Pero nunca pretendiste sacarla de Submundo ¿verdad? —Markus intenta incorporarse—. No te esfuerces, había un sedante en el whisky. He esperado al comprador adecuado y finalmente ha llegado. Son los del anuncio del ángel, seguro que lo has visto. Proporcionan Depósitos Privados de Eternidad para ricachones. Básicamente, te mantendrán vivo y consciente durante años quitándote las partes que tu propietario necesite para seguir viviendo. Me debías la muerte de un hermano, ahora pagarás por los otros submundanos.

Antes de dormirse, Markus comprende que la caída ha terminado y que despertará en un lugar aún más inhumano que Submundo.

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