Martin envolvió el paquete con un morado tan intenso que hasta le dolió en el recuerdo. Un papel de regalo que evocaba el nombre de su fallecido angelito: Violeta.

Entre recuerdos agridulces y sentimientos de culpa, caminó hacia la casa de su exmujer, mientras su fragmentado corazón se flagelaba, sangrando sin que nadie pudiera verlo.

Arribó al edificio y decidió entregar aquel paquete al portero, pues tuvo miedo de que la mirada de su antiguo amor le hiciera cambiar de decisión.

Se alejó en silencio, dejando en el interior de aquella caja una nota de despedida y los últimos recuerdos que poseía de su hija: un collar de plata y una pulsera trenzada por ella.

Mientras se alejaba con la mirada vacía y el alma rota, decidió hacer un repaso mental de su vida. Había nacido en el seno de una familia humilde que consiguió prosperar gracias al trabajo duro. Su familia pagó sus estudios y él se graduó con honores en la carrera de arquitectura. Su espíritu emprendedor y sus ideas innovadoras hicieron que grandes empresas peleasen por su presencia. Diseñó multitud de proyectos y ganó una fortuna. Poco tardó en conocer a Margaret. Fue amor a primera vista, en apenas cinco años estaban casados y tenían una hija. Todo era perfecto. Tan perfecto que dolía solo recordarlo.

Sus pies se detuvieron a la entrada del Golden Time, el ambicioso rascacielos que había diseñado. El causante de su desgracia.

Conducía hasta la inauguración del coloso de hierro cuando ocurrió el accidente. Llegaba tarde y había dormido poco preparando el discurso. Adelantó con imprudencia y un turismo se cruzó en su camino. Perdió la pierna, su ojo izquierdo y a Violeta.

Pero el destino fue cruel con ella y no la dejó marchar del todo. La pequeña quedó en coma, con daño neurológico irreversible, pero con su corazón latiendo. Martín, consumido por la culpa, se negó a dejarla ir. Abandonó su trabajo y gastó toda su fortuna buscando una cura que no existía. Los días pasaron con la culpa, el dolor y la impotencia haciendo mella en aquel matrimonio castigado.

«¿Por qué condujiste tan rápido?», leía en sus ojos cada vez que se cruzaban. Un rencor abrasador, reprimido con gran esfuerzo. Inevitablemente llegó el divorcio. Violeta acabó muriendo y Martin se dio a la mala vida, siempre con la culpa como compañera.

Mientras subía en ascensor hasta la trigésimo primera planta de su edificio, sonrió por primera vez en mucho tiempo. Todo acabaría y volvería a reencontrarse con Violeta.

Corrió hacia la ventana y se lanzó al vacío, como un ángel que extiende sus alas. Todo su cuerpo se fracturó al impactar con el suelo. Murió al instante.

Su alma vagó hasta que la oscuridad dio paso a una sala resplandeciente. Un ángel le dio la bienvenida.

—¿Dónde está Violeta? —preguntó ansioso.

—Atentar contra la propia vida es un pecado imperdonable. No puedes entrar al cielo con ella. Acompáñame —dijo mostrando el camino al tormento eterno.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Hola. Me ha sonado raro el “arribó”, es un verbo que apenas utilizo, pero quizás son cosas mías. :·P Por lo demás, un relato muy bueno que muestra a un personaje incapaz de superar la pérdida de su hija. He de confesar que me ha sorprendido leer que perdió una pierna y un ojo en el accidente cuando el relato ya estaba avanzado. Creo que es una información del aspecto del personaje que quizás hay que mostrar antes, ya sea mediante una cojera o algo. He imaginado al protagonista tan solo anímicamente abatido, sin ningún tipo de minusvalía. Pero nada que empeñe el resultado final. Un saludo.

  • Elein @Elein 4 years ago

    Gracias por tu comentario @wolfdux siento haber tardado en contestarte. La verdad es que cuando narro me gusta utilizar verbos y palabras que no utilizo en mi lenguaje diario, pues creo que la lengua española es un idioma tremendamente rico y que está desaprovechado en el día a día. Pero estoy contigo en que no es un verbo muy habitual. Respecto a la cojera tienes toda la razón, no tuve demasiado tiempo para escribir el relato y lo de las secuelas se me ocurrieron conforme avanzaba párrafo a párrafo y no me percaté de volver al principio a introducir este cambio. Tendré más cuidado en los próximos :D en los que espero tener más tiempo para prepararlos. Gracias de nuevo, me alegro de que te haya gustado.


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