Mientras Elena caminaba por el jardín del castillo, no podía dejar de pensar lo incomoda que se sentía en la armadura nueva, era bastante más pesada que la anterior, con más blindaje y con muchos más adornos, señal de su nuevo rango. Aun con eso estaba realmente orgullosa por su promoción, no era común que una mujer llegara tan lejos. Todo su esfuerzo había sido por fin recompensado ahora estaba a cargo de la seguridad de la familia real.
—Elena— escucho la voz de la princesa detrás suyo—Tanto tiempo sin verte.
—Princesa— dijo al tiempo que giraba y se arrodillaba.
—Vaya tanto tiempo lejos te ha hecho daño, no hay necesidad que hagas eso.
—Seria una falta de respeto no hacerlo.
La princesa puso los ojos en blanco, se arrodillo frente a Elena y, sujetando su rostro dijó:
—Me parece mucho mas irrespetuoso que una vieja amiga actué así.
—Lo siento prin... Alisa.
—Así esta mejor. Vamos tienes mucho que contarme.
Ambas caminaron por los corredores del castillo hasta la habitación de Alisa una vez dentro y con la puerta cerrada, la princesa comenzó a buscar en una pequeña alacena, saco algo y se lo arrojo. Aun que el gesto la tomo desprevenida ella no tuvo problemas en atrapar el objeto, era una botella de vino.
—Como dije tienes mucho que contar—soltó Alisa y con una sonrisa picara agregó—y puede que esto te suelte un poco la lengua.
—No has cambiado.
—Espero que tu tampoco.
Destapo la botella y sirvió un par de copas, pero antes de poder beber un fuerte estruendo se hizo presente acompañado de un temblor.
—Quédese aquí princesa— Grito Elena antes de salir corriendo de la habitación.
Fuera de ella todo era un caos, los soldados corrian con sus lanzas y espadas preparadas y una expresión de temor en el rostro.
—¿Quien nos ataca?—Preguntó a un grupo de soldados.
—Las Pestes señora derribaron la torre Este.
Al escuchar ese nombre la mente de Elena se lleno de imágenes: campos de batalla cubiertos de cuerpos desmembrados.
—Ustedes hagan dos grupos uno defiende esta habitacion—señalo la puerta de Alisa—El otro trae al resto de la familia real y hacen lo mismo.
Los soldados asintieron y se separaron, ella se dirigió al jardín, con la espada desenvainada, para comandar a las tropas, a pocos metro de llegar los gritos lo inundaron todo, apretó el paso y al llegar se encontró a la mitad de sus soldados muertos y al resto luchando con las Pestes, unas criaturas humanoides de al menos dos metro de alto con dientes como cuchillas, y garras a juego.
Se unió a la lucha mato a tres de ellas antes de llegar a la batería de cañones ahora abandonada. se puso detrás de uno y comenzó a disparar una tras otras las Pestes comenzaron a caer, pero no paso mucho tiempo antes que una se abriera camino y le atravesara el estomago con sus garras.
—Lo siento Alisa—susurro antes de cerrar los ojos.

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