La botella de vino casi la impactó en la cara. Todavía rugían las últimas llamas del Ímpetu en ella, por lo que solo tuvo que concentrarse un poco para desviar el proyectil, pero no sabía durante cuánto tiempo podría hacer frente a su contrincante.

—¡Luchas como un hombre! —bramó, tratando de ganar algo de tiempo—. Déjame terminar y te dejaré vivir. Todas tus amigas están muertas ya.

La única respuesta fueron otras dos botellas acelerando hacia ella. Hizo una finta y esquivó la primera. La segunda la golpeó en el costado, haciéndola trastabillar e inundándola de dolor. Había subestimado a su enemiga; no pensó que pudiera controlar de aquella manera la trayectoria de sus lanzamientos. Había gastado todas sus fuerzas en llegar allí y ya no le quedaban reservas de energía.

—¡Sabes que esto es lo correcto! —gritó ocultándose tras una mesa—. Estamos a tiempo de cambiar las cosas, cambiar el mundo a mejor.

Miró alrededor, buscando algo con lo que atacar. El cañón de plasma estaba listo y apuntando al núcleo, solo necesitaba un instante para activarlo, pero la rival que se interponía entre ella y su meta no parecía que fuera a ponérselo fácil.

A unos centímetros estaba el cadáver de una de las científicas a las que había sorprendido en mitad de lo que suponía debía haber sido la hora del almuerzo. No estaba armada, pero todavía sujetaba en su mano el cuchillo con el que había estado comiendo. Aquello debería servir.

—Por favor, hablemos —dijo en un tono más conciliador—. No tiene por qué haber más muerte.

Un objeto grande y metálico impactó contra su cobertura, haciéndola vibrar. Su contrincante era fuerte, más que ella, y tenía su Ímpetu a pleno rendimiento. Un ataque frontal sería un suicidio.

—¡Escúchame! —gritó desesperada—. Eres una guerrera, como yo. Una herramienta. Las personas a las que defiendes te convirtieron en un arma. Las mismas personas que extinguieron a los hombres. ¡Van a destruir nuestro mundo! ¿Es que no lo ves?

Esta vez no hubo ningún tipo de respuesta. Asomó la cabeza por un lateral, comprobando si su rival se disponía a emboscarla. Sin embargo, la vio allí parada con una mirada de confusión en sus ojos.

—Destruyamos sus instalaciones y vayámonos juntas —dijo alzando la voz—. No las detendremos, pero le daremos unos años a la humanidad. Les daremos esperanza.

—De acuerdo —respondió por fin.

Cuando salió de su cobertura pudo mirarla con más detenimiento. Era joven y estaba asustada. El sudor perlaba su rostro.

Concentró el Ímpetu que le quedaba y lo liberó en una explosión cinética que cogió a su oponente por sorpresa. El cuchillo de sierra se le clavó en el pecho hasta el mango.

—¿Por qué? —gorjeó, los ojos abiertos en expresión de sorpresa.

La observó morir y se acercó pesadamente al cañón. Había drenado todas sus fuerzas. Activó el disparador y contempló el haz de luz destruyendo la base de investigaciones.

—Porque a veces hay que hacer sacrificios.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Lástima que la extensión sean de 500 palabras, me hubiera gustado mucho saber cómo continua. Creas un mundo interesante con tan solo un par de pinceladas.


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