Me agaché al ver a un hombre volando en mi dirección. Chocó contra el trinquete quedando inconsciente.

—¡Señor Wilkins, vuelva a usarme de diana y le haré carenar el barco durante los próximos seis meses!

El pirata rió sin arrepentimientos y me lanzó una botella de vino a las manos.

—¡Anímese, capitana!

Gruñí como respuesta, pero tomé un buen trago. Tras el primer sorbo tuve que estamparle la botella en la cabeza a otro imbécil. Veían una mujer y corrían directos a mí como cerdos al matadero.

Saqué dos cuchillos de las botas mientras veía como Musa se infiltraba en el Aciago. Nadie se fijaba en un niño trepando por el casco cuando había una batalla que librar.

Los hombres de Baltasar seguían intentando subir a la Dama Roja mientras los míos cortaban cabos y disparaban a todo lo que se movía.

—Siempre tuviste más agallas que cerebro, Shanon —me gritó el capitán Baltasar desde su navío.

Recogí un arcabuz del cadáver de uno de sus hombres y disparé en su dirección. Fallé, y no me molesté en intentarlo de nuevo. No necesitábamos una victoria, solo captar su atención y ganar tiempo para Musa.

Me aparté los mechones sudados de la frente y vi, por fin, como el pequeño zorro se escabullía del corral con el botín entre manos. Un pirata lo vio, pero ya era demasiado tarde. Saltó al agua y nadó hasta nuestro barco.

—¿Está a salvo el frasco? —Musa me enseñó el bote lleno de un brillante polvo verde. Le revolví el pelo—. ¡Bien hecho, zagal!

Hice una señal al piloto, que comenzó a posicionar el barco en paralelo al Aciago.

—¡Guido, conmigo a los cañones! —indiqué al artillero. Luego me giré hacia el piloto con una sonrisa de complicidad—. Tras dos disparos ponga rumbo ascendente, señor Grim. Musa, el frasco es tu responsabilidad.

El niño asintió con gravedad.

Bajamos al interior del barco y colocamos dos cañones en las troneras. Una vez metida la pólvora y el proyectil, Guido esperó con la mecha en la mano por mi orden.

—¡Ahora!

Encendimos las mechas a la vez y la metralla salió directa hacia el Aciago.

—No ha hecho mucho daño —dijo Guido.

—El suficiente —respondí mientras subía a cubierta.

El señor Grim ya nos estaba alejando del barco enemigo y Musa espolvoreaba los contenidos del frasco con cuidado sobre la madera de mi Dama Roja.

—Ya es suficiente. —Musa cerró el bote y me lo entregó. Le temblaban las manos de la emoción. Me reí y arqueé una ceja—. Oh, esto te va a encantar, chico.

El barco comenzó a moverse, elevándose de las aguas con lentitud al principio y ganando velocidad. Musa corrió hacia proa, fascinado con dejar el mar atrás y navegar por los cielos. Sonreí. Mi pequeño ladrón de polvo de hadas.

Baltasar maldecía y disparaba hacia nosotros, inútilmente.

—¿Hacia dónde, capitana? —preguntó mi piloto.

—Hacia el horizonte, señor Grim. Y desde allí... a donde nos lleve el viento.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Muy buen relato. La estrategia para robar los polvos de hada me ha encantado, y más descubriendo al final del relato que era lo que se había robado. Hay un par de cosillas que me han llamado la atención: "El pirata rió sin arrepentimientos y me lanzó una botella de vino a las manos." ese rio va sin tildar. Y en la frase "Guido esperó con la mecha en la mano por mi orden." suprimiría el "por". Un saludo.

  • Gaby Torres @GabyTP 4 years ago

    @Wolfdux ¡Muchas gracias por tu comentario! Sí, ya me comentaron lo de rio sin tilde, pero lo siguiente no me lo había dicho nadie, pero te doy la razón: quedaría mejor diciendo "Guido esperó mi orden con la mecha en la mano". ¡Un saludo! ^^


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