Lady Sylvanas observaba sin ser vista desde su lado del portal a la pareja de enamorados que paseaban por el parque. Tras ellos, se erguía una ciudad de los hombres como nunca antes había visto. Enormes torres plagadas de luces se recortaban contra el firmamento estrellado. Al fijarse en la estilizada figura de la chica, se preguntó cuánto duraría teniendo que luchar como lo llevaba haciendo ella desde que tenía uso de razón. No obstante, la guerrera fantaseó por unos instantes con un mundo en paz en el que su cuerpo no se hubiese fortalecido de manera tan brutal y en el que pudiera tener una línea parecida a la de aquella mujer. Rápidamente descartó la idea por parecerle muy poco práctica.
Al abandonar la sala del portal la esperaba su lugarteniente, el cual le lanzó una botella de vino que esta cogió al vuelo y, tras abrirla, le dió un buen trago. El líquido era amargo, como seguramente lo sería la batalla que les esperaba a los pies del Bastión del Fin del Mundo. Se había congregado un ejército sin precedentes. Su intención era atravesar el pórtico y aniquilar a los humanos de una vez por todas. Sylvanas tenía la misión de impedirlo. Era el trato al que llegó con las Val´kyr para poder recuperar su cuerpo durante la invasión de la Plaga y liderar a los Renegados contra el Rey Exánime. Ellas le mostraron parte del futuro y le hicieron jurar que protegería el portal con su vida.
Sus tropas no llegaban ni a la décima parte de las del enemigo, pero tenía un as en la manga. Se aproximó a uno de los cañones que poblaban las almenas de la muralla y prendió su mecha. El estruendo fue ensordecedor y una bola incandescente salió disparada hacia el enemigo.
Garrosh, el Jefe de Guerra de la Horda, soltó una profunda carcajada al ver cómo el proyectil sobrevolaba sus tropas e impactaba contra una montaña que tenían detrás. Pero su risotada se cortó en seco cuando, tras producir un derrumbe en la ladera, liberó a un descomunal enjambre de elementales de tierra que se abalanzaron contra su retaguardia iniciando la contienda.
Sylvanas subió a su montura voladora y se elevó en el aire en dirección hacia su eterno enemigo. Apretó los dientes y se juró a sí misma que Garrosh no saldría vivo de esa batalla.
Lejos de allí, los titanes, los únicos que eran conscientes de estar dentro de un juego, observaban la contienda desde el Panteón.
—¿Conseguirá detenerlos? —dijo Aggramar—. Si devastan ese mundo todos desapareceremos. Si tan siquiera pudiéramos explicarles…
—Pero no podemos —le cortó Aman´Thul—. Está en la programación del juego que idearon los humanos.
—Pero, ¿cómo es posible que exista un portal hacia su mundo? —inquirió Eonar.
—¿Aún no lo habéis entendido? —Aman´Thul torció el gesto antes de proseguir—: Ese otro mundo tecnológico donde se han refugiado los humanos de Azeroth pertenece a otro juego mayor del que desconocemos las reglas.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Conozco de pasada el universo de WoW, pero esta historia no la conocía. No sé si creada de cero o basándose en la mitología que pueda existir a día de hoy, pero aún así, es una lectura amena y entretenida.

  • Gustavo Macher @Gustavo 4 years ago

    Gracias. Partí de algunos datos básicos extraídos de la WoWPedia y a partir de ahí recree la historia que he presentado. :)


Tienes que estar registrado para poder comentar