Toda Guardaluna se hallaba resguardada en el castillo, toda salvo una mujer caminaba por el patio. De apariencia delicada acariciaba el cañón que apuntaba a la puerta, aguardando a los asaltantes. Frunció el ceño observándolo, estaba cargado. Y parecía… divertido. Prendió la mecha y sonrió al ver la puerta volar en pedazos.

Fuera, supieron que la ciudad se rendía. Resistieron la escasez de comida y el envenenamiento de los pozos, resistieron la peste. Lo hicieron esperando a refuerzos, confiando en su dirigente, en que inmerso en las guerras del sur no se olvidara de ellos.

La ayuda no había llegado y tras sobrevivir cinco meses y diez días entregaban Guardaluna.

Los lanceros rodearon a la muchacha que avanzaba hacía el frente enemigo. Había algo en su forma de andar que les hizo ponerse en guardia en un primer momento, era elegante, casi felina.

—Mi nombre es Sona de Guardaluna, del clan de las hijas de la noche. —Alzó la voz para que el ejercito la escuchara—. Se me ha concedido poder para negociar la rendición.

Miró a su alrededor. Ante su mentira todos los hombres se relajaron. Estaban acostumbrados a tratar, y menospreciar, prostitutas.

—¿Vienes a ofrecerte como pago? —El aliento del hombre apestaba a vino barato.

—Vengo a negociar con vuestro dirigente. Tú no podrías pagarme. —Forzó una sonrisa seductora dirigiéndose a la que parecía la tienda de mando.

Nadie se lo impidió, parecía inofensiva, solo acompañaban con silbidos, gestos e insultos soeces. Atravesaba la puerta cuando tuvo que agacharse para esquivar la botella que el sucio lancero le había lanzado. Resistió el impulso de agarrarla al vuelo y devolvérsela, no debía dejar de parecer pacífica, la botella pasó de largo colándose en la tienda, manchándolo todo de vino mugroso.

—¿Eres un regalo, pequeña Sona? ¿Crees que entregándote a mí perdonaré la ciudad? —Despacio, sabiéndose ganador, le acarició el rostro— Hermosa. Sin duda experta en tu trabajo, pero no lo vales. Guardaluna caerá, sus mujeres se convertirán en nuestras esclavas, sus hombres y sus hijos serán pasados a cuchillo. Es un hecho, pequeña Sona, nada puedes ofrecerme.

Sona llevó la mano al cierre del incomodo vestido dejándolo caer. Quedó vestida tan solo con su cómodo uniforme, las prendas de cuero negro y rojo que la marcaban como perteneciente a la guardia de élite del rey. Todos habían oído hablar de su clan, pero pocos las habían visto y sobrevivido.

El terror se apoderó del comandante mientras trataba de retroceder hasta su espada, mientras se extraía una de las dagas de Sona del estómago. Ella rio al verle caer, había pisado la botella. Fue un final decepcionante tras un largo viaje, un final de sollozos y súplicas, pero su trabajo no siempre podía ser divertido. Armó la bomba de vacío en el suelo, sobre el pecho del cobarde, y recuperando su daga vio que aún tenía diez minutos para divertirse con los hombres.

GuardaLuna resistiría. La ayuda estaba allí, aunque nadie la vería. Nadie que viviera para contarlo, claro.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Me tocó ser uno de tus comentaristas anónimos. Me gustó mucho el relato, y como ya te dije una lástima perderme el bailoteo de Sona. Un saludo.

  • Midyakri @Midyakri 4 years ago

    Ohhhh gracias :) Me pesa un poco no haberlo podido revisar bien antes de mandarlo U.U me pilló el tren muchísimo :) La retomaré y mejoraré como merece seguro.


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