Pulgarcito, al igual que otras fábulas, tuvo que adaptarse a la vida en el mundo real. La llegada de la televisión hizo mella en el número de personas que leían cuentos a sus hijos y esto provocó el desmoronamiento del mundo mágico.

Afortunadamente, el hada azul, consiguió crear un portal por el que escaparon de la devastación de su hábitat y se mezclaron entre las gentes de las grandes urbes. También utilizó la misma magia que le permitió convertir a Pinocho en un niño de carne y hueso, para dotar de una apariencia adecuada a aquellas fábulas que lo necesitaran.

Paul Garthington, que era como se llamaba ahora, se había convertido en un eterno adolescente —pues las fábulas no envejecían lo más mínimo— condenado a cambiar de ciudad cada pocos años para no levantar sospechas.

Esto le hacía tener que granjearse nuevas amistades en cada lugar. Siempre había tirado de su don de gentes y de su natural simpatía, pero se le agotaban los recursos. Aquella mañana sucumbió a la tentación y, contraviniendo la norma de no utilizar jamás objetos mágicos en presencia de humanos, se calzó sus botas de siete leguas y se fue al instituto.

Hizo pellas con algunos compañeros a los que quería impresionar y se subieron a uno de los rascacielos más altos de la ciudad. Les había asegurado que era capaz de saltar desde la azotea hasta la torre contigua.

—Es imposible saltar de un rascacielos a otro —dijo Timy al asomarse por el borde—. Están demasiado separados entre sí.

—Confiad en mí —alegó Pulgarcito—. Es cuestión de creer un poco en la magia.

—La magia no existe —repuso Lisa con desdén—. Deja de hacer el imbécil y vamos al centro comercial a jugar a los videojuegos.

Sin darles tiempo a reaccionar tomó impulso y saltó. Describió un gran ángulo y, en un primer momento, incluso pareció que lo iba a conseguir.

Durante su funeral, desde un plano paralelo donde no podían ser vistos, el hada azul tomó su mano. Su semblante denotaba tristeza y el color de sus alas, en armonía con sus sentimientos, era de un añil muy oscuro.

—¿Por qué lo hiciste, Pulgarcito?

—Quería impresionarlos —explicó con los ojos anegados en lágrimas—. Pensé que las botas funcionarían.

—Ha habido otros casos en los que los objetos mágicos han fallado en presencia de humanos, creía que estabas al tanto. La magia es compleja. Seguramente se protegía a sí misma.

—¿Y qué me va a pasar ahora?

—¡Oh, cariño! —sollozó el hada abrazándolo fuertemente—. Tendrás que quedarte a este lado. Se me ha permitido venir a acompañarte en tan duro trance, pero debo marcharme ya.

—¡No te vayas aún!

—Lo siento, cariño, no depende de mí. Encenderé una vela cada noche para que no te sientas tan solo…

La silueta del hada y el de todas las fábulas que habían ido a su funeral se difuminaron gradualmente para Pulgarcito, dejando en su lugar espacios vacíos entre los asistentes.

Hipó y siguió llorando.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Elein @Elein 4 years ago

    ¡Felicidades, Gus! Tu relato me pareció super ingenioso. Mezclar el mundo de los cuentos con la vida real me pareció muy original, y el desarrollo de Pulgarcito me enganchó desde la primera línea. Parece que además del sci-fi, la fantasía tampoco se te resiste ^^

  • Gustavo Macher @Gustavo 4 years ago

    Muchas gracias Elein. Pero debo reconocer que lo de mezclar fábulas con el mundo real no es del todo original: no si lees los cómics de "Fábulas" que me sirvieron de inspiración para generar este relato. :)


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