Elly no deja de correr a pesar de su respiración entrecortada. Lleva horas sin parar desde que escapó de la base y necesita encontrar un lugar seguro donde poder esconderse de sus perseguidores, aunque ha dejado de escuchar el sonido de los jeeps tras ella. Iba a ser asesinada como las demás de su especie por culpa de aquella cacería indiscriminada, no ha tenido más elección. Alguna debe alejarse de allí y buscar un lugar seguro donde vivir en libertad. Atrás queda el barracón y el denso bosque, ahora se adentra en esa jungla masificada y contaminada que llaman ciudad. Cada noche recuerda con pesar el día que su madre la enseñó a volar y el color blanco de sus grandes alas brillantes. Desde que la apresaron, no ha vuelto a hacerlo.

Ryan pasaba las horas muertas contemplando el vuelo de las aves cuando era niño; por esa razón, ingresó en la brigada paracaidista tras terminar los estudios. Un día, mientras realizaba maniobras junto a sus compañeros de unidad, se levantó un remolino que lo desvió de su ruta y terminó precipitado contra un árbol. Aturdido y magullado, consiguió liberarse y encaramarse al tronco para descender a tierra; sin embargo, una luz brillante hizo que se detuviera. Había escuchado leyendas sobre criaturas mágicas que habitan los bosques pero no imaginaba que fueran ciertas. Extendió su mano y la agarró con cuidado para cobijarla en uno de los bolsillos del pantalón. Con los pies en el suelo, la criatura saltó y multiplicó su tamaño hasta convertirse en una hermosa mujer de grandes alas blancas. Como muestra de gratitud por haberla ayudado, le entregó un cubo de cristal brillante que lo protegerá de todo mal y lo ayudará a tener éxito en la vida. Retomó su camino hacia la base y con el paso de los años se ha convertido en uno de los altos mandos de la brigada, el encargado de confinar a toda criatura misteriosa y oscura que pueda poner en peligro a la raza humana.

Como tal, sale en su persecución y se adentra en la ciudad, armado con un rifle de largo alcance y bombas de humo, dispuesto a terminar con la vida de la fugitiva y colgar sus alas en la pared del dormitorio, junto al resto de trofeos conseguidos gracias a la barbarie de unos pocos hombres. Elly se oculta entre toda esa gente acelerada y se dirige a un edificio de oficinas. Se cuela en el ascensor y pulsa el botón de la última planta. La azotea desértica se presenta ante sus ojos como un amplio espacio para volar; sin embargo, el sonido de unas pesadas botas se escucha desde la escalera de incendios. Corre hacia la cornisa más cercana y salta. Despliega sus alas celestes para planear hacia la azotea del siguiente rascacielos pues está agotada y sabe que no llegará muy lejos en pleno vuelo, pero es inútil. Un disparo atraviesa su espalda y se precipita al vacío.

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