El temor sigue latente. Esta era la mañana número cinco, pero se sentía como la primera. Tomo mis audífonos de la mesa y desaparezco rápidamente sin que mamá lo note. Las calles estaban vacías. Todo lo que se podía ver era las consecuencias del desastre natural que hace días atrás arrasó con cientos de vidas en lo que solía ser la parte comercial de la ciudad.
Los trabajos de rescate siguen activos, pero ciertas zonas ya no están habitables. Existían múltiples razones pero la principal era la demolición de las edificaciones que estaban en riesgo de caer. Gracias a mi habilidad sigilosa de escabullirme, logro burlar a los militares que resguardan la zona y me encamino hasta él edificio "Politon State" en la zona norte de la denominada "Zona cero"
Miro hacia arriba y puedo notar como la estructura está intacta, pero aun así la entrada al rascacielos que construyó el alcalde años atrás estaba obstruida por una gran cinta de roja. Logro notar los vidrios de las ventanas que se fragmentaron por la fuerza del terremoto y paso con cuidado sobre ellos. Ni en broma tomaré el ascensor, la escalera es más segura.
Ahora que estoy en lo más alto del edificio logro percatarme que tardé un aproximado de media hora para llegar hasta aquí. Ahora puedo hacer un análisis del antes y después de lo que conocía y de lo que estoy conozco actualmente.
La canción de "Blackbird" se escabulle entre mis oídos, haciendo que medite en todas la vidas que quedaron bajo los escombros. Los que fueron, los que son y los que serán.
La música en mis auriculares disminuye y denoto un aleteo incesante cerca de mí. Giro y una pequeña mujer —diminuta, para ser más precisos — se ubica justo en frente de mi rostro y con una sonrisa pronuncia:
—Tu alma es noble, pura aunque desorientada. Se me ha dado el cargo de buscar a una persona capaz, y yo confió en ti.
— ¿Quién eres? —indago estremecido.
Sus hermosas alas doradas se otorgan a mi atención en lo que pequeños brillos caen de su vestimenta con cada aleteo.
—Kaiolyn —pronuncia.
Levanta un brazo mirando hacia el frente y levanta un nuevo edificio, igual de alto que este.
Varios seres pueden hacer eso, pero con esas características me lleva poco tiempo entender que hablo con un hada, que por alguna razón se ha presentado a mí. Doy pequeños brincos sobre mi propio territorio y deduzco que es lo que el hada quiere que haga, pero antes me advirtió. No era seguro, pero el edificio podría desaparecer. Pero, si lo hago correctamente, un poder se me seria otorgado. Me impulso con fuerza y justo cuando estoy a punto de tocar él borde, él edificio se desvanece ante mis ojos. Al impactar con él piso, salté varias veces como un niño.
El hada baja dando vueltitas y tocando mi mano, dice antes de desvanecer:
—Felicidades, ahora tienes él poder de la valentía. Úsalo sabiamente.

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