Aquel estúpido plan para escapar de Neutopia del que Kurt, su mejor amigo, hablaba continuamente no funcionaría. Hacía dos años que él se había ido para intentarlo, un día antes de su decimosexto cumpleaños. Jared no sabía si lo había logrado y, sin embargo, allí estaba, en la azotea de un rascacielos decidido a intentar lo imposible. ¿Qué otra cosa podía hacer? Pronto cumpliría dieciséis y debido a la ira incontrolable que solía dominarle convirtiéndole en una bomba siempre a punto de estallar nunca llegaría a ser un ciudadano útil. Cuando el plazo que, al haber sido abandonado por sus padres en una Casa Estatal, le había condedido la Autoridad para conseguirlo terminara, sería condenado sin retorno a las minas de Shinatra para extraer el shin que alimentaba la magia en Neutopia desde que desapareció la Antigua Magia. Saltó hasta el siguiente rascacielos, frente al límite de Neutopia. Según Kurt, en aquel punto el muro invisible que rodeaba la ciudad presentaba una fisura. Pensaba atravesarla y dirigirse a las Montañas Olvidadas, donde se decía que sobrevivía la Antigua Magia.

Presionó el depósito encajado sobre su esternón y conectado directamente a su Centro de Neuromagia. Estaba vacío, ni una gota de shin. Tendría que apañárselas sin magia. Deseó poder creer en la leyenda de que con la Antigua Magia los poderes despertaban sin quemar shin. A un salto de la libertad, dejaron de preocuparle las consecuencias. Se lanzó del rascacielos temiendo estrellarse contra el muro. Pero no lo hizo. Aterrizó al otro lado y echó a correr en busca de las luces que le indicarían el camino hacia las montañas. Empezaba a perder la esperanza cuando distinguió una luz. «Imposible» pensó al alcanzarla y descubrir que la producía un hada de la Antigua Magia, con sus alas frágiles y su brillo opalescente, que le miraba con tristeza prisionera en una urna de cristal. No comprendió que algo iba mal hasta que los soldados cayeron sobre él. Aturdido por la situación, creyó distinguir el rostro de Kurt entre ellos.

—Jared Russo —dijo el Oficial—. Dado su historial sabíamos que intentaría escapar. —Jared apenas le escuchaba, mirando perplejo al soldado idéntico a Kurt—. Así que ya ha visto al Cadete Willson, un viejo conocido suyo. —Kurt continuaba impasible, ignorando a Jared—. ¿Se ha preguntado cómo impedir un levantamiento de adolescentes desesperados? Fácil. Si creen que existe una forma de escapar no buscarán otra. Infiltramos agentes para extender rumores sobre una escapatoria que les conduce hasta nuestras trampas.

Al comprender la traición de Kurt y cómo Neutopia había vuelto a manipularle, la ira comenzó a arder en su interior. Esta vez no tenía razones para intentar detenerla. Dejó que le consumiera, convirtiéndole en luz y fuego que escaparon por sus ojos y su boca. Cuando recuperó el control estaba rodeado de cuerpos carbonizados.

—Sangre Antigua, te llevaré adonde perteneces —ofreció el hada.

Jared la liberó, con una certeza latiendo serenamente en su corazón: ahora era Neutopia la que tenía los días contados.

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