Estoy atrapado, ese es un hecho. He sido enterrado vivo por la persona que menos esperaba, confiaba en ella y ahora estoy aquí, atrapado en las fauces de la obscuridad. ¿Como es que todo termino así? No lo se. Solo se que el ulular del tecolote que escucho a lo lejos esta anunciando mi inexorable muerte y la desesperación como una dulce amiga viene a mi encuentro a hacerme compañía mientras el frió que me rodea me paraliza y me pone la piel de gallina. No seria justo decir que la paso mal aquí abajo, los gusanos son buena compañía y puedo escuchar a la perfección el coro de voces que se alzan al viento en la superficie, ¿o acaso vienen de mi interior? Da igual, porque la desesperación es celosa y esta decidida a atraparme. ¡Ah! Quien diría que todo terminaría así. Hace unas horas yacía en mi cuarto contemplando el follaje del bosque que se alza a lo lejos a través de mi ventana y ahora estoy enterrado en sus entrañas. La idea me hace querer vomitar y un mareo repentino me comienza a embargar. No quiero que esto termine así pero, ¿que puedo hacer? por más que intento levantar la tapa de este ataúd me es imposible, el peso de la tierra me lo impide. Lagrimas brotan de mis ojos. No quiero, no quiero permanecer más tiempo en esta obscuridad, es horrible, por cada minuto que pasa me siento cada vez más solo, los gusanos y las voces han desaparecido. Las puntas de los dedos me sangran de tanto rasgar el ataúd y en mi garganta un grito gutural se ha atorado. Me ahoga. Quiero sacarlo pero no puedo, mi corazón me golpea, quiere salir, echarse a correr, la prisión del cuerpo lo atormenta y me sume en un profundo dolor. Entonces, cuando siento que la vida me abandona, cuando por fin puedo vislumbrar un punto de luz que me aleje de mi tormento. Mis ojos se abren de súbito haciéndome ver la realidad. Frente a mi, yace abierta una fosa y a su lado reposa un ataúd de madera, ambos bajo la sombra de un ahuehuete custodiado por un tecolote que me mira desde lo alto en el bosque como si pudiera penetrar en mi alma con tan solo una mirada. Ignorándolo, giro mi vista hacia la izquierda donde el cuerpo de un niño, atado de pies y manos, me mira aterrado. Mis labios sueltan una carcajada formando una sonrisa desencajada. ¿Como me deje llevar por la conciencia y permití que me abrumara? ¿Como me permití perder tiempo valioso pensando en banalidades en lugar de enterrar al odioso de mi hermano? Bueno, eso ya no importa, por fin morirá y sera un día de gloria, dejare de ser el segundo en todo y me verán, por fin mis padres me veneraran. Solo hay una cosa que me preocupa y es que estoy seguro que desde hoy ya no seré capaz de dormir bajo la obscuridad.

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