Lo he dicho otras veces, pero esta va en serio: no vuelvo a buscar novio por internet.
—¿Por qué llevas ese búho al cuello? —pregunté en nuestra primera cita.
—Porque me dan muchísimo miedo —rio—. Es como… intentar mantener el control sobre lo irracional, para no perder de vista al terror... ¿Suena muy estúpido?
—Me aterra la oscuridad —confesé. Después de eso tuve que besarle.
Es de noche, estoy agotada y perdida en este bosque, lejos de todo.
Aquella tarde iba a dejarle. Era casi seguro. Al sesenta por ciento. Tres meses había sido tiempo suficiente... Pero vino con su sonrisa, con la promesa de algo diferente y con la invitación de un fin de semana en la casa de sus abuelos en la montaña.
—Así celebramos tu cumpleaños, ¿vale?
Vale. Le dejaría a la vuelta, seguramente.
No voy a esperar a la vuelta. Tengo que seguir corriendo. ¿Dónde estoy? ¿Cerca de la carretera? ¿O sigo en el jodido bosque? Ay, mi lenguaje. Soy tan vulgar cuando pierdo los nervios…
—La casa de tus abuelos es un poco… ¿tétrica? —dije mientras dejaba la maleta en el salón.
—La decoración de la gente mayor, supongo. —Se encogió de hombros—. ¿Te enseño el jardín?
Era enorme. Y daba al bosque. El bosque por el que teníamos que caminar aunque no quisiera.
—Anímate, es un paseo agradable y no te preocupes: volveremos antes de que anochezca. —Qué bien me conocía. Me iba a dar pena hasta cortar con él…
Estoy cagada de miedo y no puedo dejar de hacer bromas. Como el puto Spiderman. Y no puedo parar de decir palabrotas. Joder.
Ahora oigo un ruido. ¿He pisado algo? ¿Un animal? ¿Será él? No. ¿O sí?
—Conozco este bosque como la palma de mi mano, tranquila.
Lo siguiente que recuerdo es que me cogió del cuello y que no pude gritar.
—Lo siento —Y apretó más—. Es que no lo puedo controlar. Quieres… dejarme, ¿verdad?. No intentes negarlo. No eres la primera que lo intenta, pero no puedo permitirlo. Irás con las otras.
—¿Las… otras? —fue apenas un susurro.
—En el jardín.
Patada en los huevos y a correr. Dicen que en momentos de estrés sacas fuerzas de donde no las hay. Debía de estar estresada de la ostia, porque corrí más que en mi puta vida.
A punto de rendirme vi una luz. No era un coche, ¿sería una cabaña vecina? No… Era la casa de ese indeseable. Había dado vueltas en círculos. Mierda. Sentí un golpe en la espalda y caí de bruces sobre la tierra mojada. Me cogió del pelo y me colocó boca arriba. Mi cuerpo se dormía. El tipo se puso a horcajadas sobre mí. Tenía un trozo de soga entre sus manos y comenzó a tensarlo.
—Feliz cumpleaños, amor. —Pasó la cuerda por mi cuello.
Estaba tan ocupado relamiéndose que no vio cómo, palpando la tierra, cogí su pala. Directa a la cabeza. Con todo mi estrés.
—Mi cumpleaños es la semana que viene, gilipollas.

Comentarios
  • 4 comentarios
  • ¡Me gustó mucho!

  • Rísquez @Risquez 4 years ago

    Muchísimas gracias! No todo el mundo que pasó a valorarlo opinó lo mismo, pero me divertí de lo lindo con este relato. Al final cogí cariño a la prota xD

  • King @aresdaughters 3 years ago

    Me declaro fan de tus historias, amigo (¿amiga?). ¡Tienes un sentido del humor desconjonante! Y vaya que tienes mucha creatividad también. La prota y su novio psicópata me han fascinado desde inicio a fin, es una pena que la historia se haya acabado tan rápido. Pero adoré especialmente lo empoderada que la hiciste. ♥

  • Rísquez @Risquez 3 years ago

    Mil gracias @aresdaughter!
    Me divierto mucho con los retos de Inventízate, y si consigo trasladarlo a los textos, buena parte del trabajo ya estará hecho. El problema que es que el humor no suele casar bien con el terror (aunque creo que la línea entre un género y otro es más delgada de lo que parece), y eso lo noté en la calificación de esta prueba xD
    De verdad que me alegro de que te gustara!
    Ah, y aquí tienes un amigo para lo que necesites ;)


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