—Perdone,¿ está ocupado el sitio?— un marcado acento ruso despertó al hombre durmiente.

—¿Que dice?— reflexionó un instante y apartó la maleta del asiento vacío— Claro, claro, siéntese usted, hoy vuelvo a casa, ¡que por fin vuelvo a casa!

—¡Oh!— se sorprendió el ruso mientras ocupaba el lugar desocupado— ¿es usted también hijo de nuestra Madre Patria? Nunca lo habría adivinado por su fluidez en el español.

—Verá usted, yo soy gallego de nacimiento, mis padres lo eran, y sus padres antes que ellos, pero cuando era un estudiante fui a San Petersburgo a estudiar y con el tiempo se convirtió en mi nuevo hogar formé una familia. Ahora hace años que estoy fuera y tengo mucha saudade de mi familia y la ciudad.

—Perdón,¿ saudade?

—Oh, lo siento mucho, una palabra típica de Galicia, significa morriña ... — reflexionó sobre lo que acababa de decir y se corrigió— hm... añoranza.

—Ah, claro, claro, ya veo lo que quiere decir.

—Lo siento, es lo que tiene ser gallego —rió y se acomodó en la silla— por cierto, es usted ruso, pero habla muy bien la lengua, a pesar del acento.

—Ah, ¿usted cree?

—Sí, sí. Realmente se le entiende muy bien, incluso con su acento tan cerrado.

—¡Oh! Muchas gracias! Realmente no llevo mucho tiempo aprendiendo, solo llevo tres meses viviendo aquí pero no he hablado ruso con nadie excepto con mi familia por teléfono, me ha enviado mi empresa para representarla en el Primer Congreso de mensajería Móvil.

—¡Ostias! —<<Pero si este año ha sido el segundo>> pensó el gallego para sus adentros; <<Deberá haberse confundido>>, y decidió cambiar el tema— tiene usted facilidad por las lengua por lo que veo.

—Muchas gracias —el hombre sonrió y se dispuso a hablar cuando una voz retumbó por todo el aeropuerto la salida del vuelo a San Petersburgo.

—Bueno, —se levantó el gallego— ahora toca entrar,¡volvemos a casa!

Se dirigió a la puerta de embarque para entrar al avión y no tener que hacer demasiada cola, se giró un instante para acompañar al hombre ruso. Pero su rostro quedó petrificado al ver que no había nadie al lado de donde él estaba sentado.

Volvió a mirar hacia la cola, y al cruzar la puerta se giró otra vez para asegurarse de que eso era real; pero no había nadie. Entró en el avión y se sentó, esperando para llegar a casa rápido para volver a ver a su familia; y decidió olvidar la extraña conversa que acababa de tener con ese ruso. A los pocos minutos de haber entrado, una azafata anunció: <<Señores pasajeros, nos gustaría hacer un minuto de silencio en recuerdo a las victimas del avión que se estrelló en el mismo recorrido que este hace exactamente un año; muchísimas gracias>>

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