—Tienes que dejarla ir. —Alfonso apoya su mano sobre el hombro de Dimitri y aprieta con suavidad pero con firmeza.

Ambos miran por el gran ventanal hacia la pista de aterrizaje. Las lágrimas recorren las mejillas del joven ruso. Fuera todo está paralizado. Una bandada de pájaros permanece estática en mitad de su vuelo entre los aviones. En el horizonte, de un tono plomizo, las nubes permanecen inmóviles.

—Lo sé —contesta finalmente Dimitri—, pero me cuesto mucha.

—Carallo, Dim, con el tiempo que llevas en España y aun no has aprendido a hablar bien. —El tono de Alfonso es jocoso, pero no consigue el objetivo de animar a su amigo.

Dimitri está destrozado por dentro. Cuando el dolor de perder al gran amor de su vida estuvo a punto de volverlo loco, descubrió que tenía el poder de jugar con el tiempo.

Ahora, tras varios intentos fallidos de evitar que su esposa llegase a conocer al hombre que se cruzó en sus vidas, sabe que no hay forma de cambiar el destino. El resultado siempre era el mismo, aunque la persona de la que se enamoraba cambiaba de nombre y de aspecto.

—No entiende que hago mal, amigo. No he querida nunca tanto a nadie. Quizás no sabe demostrarle mi amor. A lo mejor es por mi patética españolo.

—No te martirices, Dim. A veces, estas cosas pasan porque tienen que pasar. Estaba de ser.

Se vuelven y se quedan mirando a un niño que juega en el suelo con sus cochecitos ajeno a todo. Los adultos estaban preocupados por la situación, pero él seguía a lo suyo.

—Riquiño. No es consciente del problema en el que nos has metido con tus viajes en el tiempo.

—Yo soluciona ahora —dice Dim sorbiendo su nariz y enjugando sus lágrimas.

Entonces se concentra y empieza a brillar. Al momento se deshace en millares de microcorpúsculos luminosos que se dispersan en todas direcciones.

En ese momento, al reanudarse el tiempo en el exterior, su mujer sale del túnel de embarque mirando en la dirección de Alfonso.

—¿Dónde está? Me lo he pensado mejor. No le puedo hacer esto. Renuncio a esta nueva aventura en la que me iba a embarcar. Le quiero demasiado.

—Sen tempo non era. Ya es tarde. Ahora está junto a las estrellas.

Comentarios
  • 4 comentarios
  • Elein @Elein 4 years ago

    Jo, qué final tan cruel U__U cuando por fin se arrepiente... Me ha gustado muchísimo, me ha encantado la inclusión de la ciencia ficción es un relato que parecía totalmente cotidiano. Siempre sabes darle ese toque y llevártelos a tu género. Como siempre un genial relato y un placer leerte, Gus.

  • Gustavo Macher @Gustavo 4 years ago

    Gracias, Elein. Me encanta que te haya gustado, volqué todo el sentimiento en él y conseguí crear ese vínculo tan necesario con el protagonista para que una historia llegue al lector. Ojalá la musa me hubiera visitado antes para disponer de más tiempo y perfilar mejor el relato, incluyendo más elementos SciFi relacionados con los viajes en el tiempo del prota. :)

  • Wolfdux @Wolfdux 4 years ago

    Muy buen relato. Una gozada de lectura.

  • Gustavo Macher @Gustavo 4 years ago

    Gracias. :)


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