Me despierta el pitido del ordenador de control. Un hilo de baba moja la comisura de mi boca, ¿cuándo me he dormido? Echo un rápido vistazo alrededor para cerciorarme de que todo está en su lugar, aliso mi bata de laboratorio y me acerco al monitor.

En la pantalla negra dos palabras en verde: todo ok? Conozco el protocolo a la perfección, un chequeo cada cierto tiempo, a discreción de quien se encuentre en la central. Sin embargo, me da la sensación de haber hecho la última comprobación hace escasos minutos, así que doy por hecho que, quien quiera que esté controlándonos esa noche, debe estar aburrido.

Bajo la luz de los alógenos de la sala blanca, me acerco a la zona de los especímenes para la rutina de control. Saco el bolígrafo y apunto: Tarzán, un imponente ejemplar de Gaius villosus de 43 años de edad, quizá el más longevo de su especie, teje afanoso una telaraña en forma de embudo dentro de su bote. Su movimiento, casi hipnótico, me fascina. Cada noche teje su trampa y, cada noche, al acabar nuestro turno, debemos destruirla para tomar una muestra. Sin embargo, Tarzán no se da por vencido pese a ser el arácnido más viejo de los que hay en el laboratorio. Hoy va un poco atrasado en su construcción, así que tomo nota de su avance.

Cuando levanto la vista de mi cuaderno lo veo. La vitrina central está partida, el cristal ha sido rasgado desde el interior. Titán se ha escapado.

—No, no, no, no —susurró mientras me acerco corriendo al ordenador. Un escalofrío recorre mi espalda y noto un hormigueo por todo el cuerpo.

Titán es un raro ejemplar, encontrado en una playa al norte de Sídney. El único superviviente de la guerra química en Australia y quizá el único de su especie. Nadie sabe a qué variedad pertenece, pero sí sabemos que su veneno puede matar a un caballo en apenas cinco minutos. No tenemos muy claro lo que puede hacerle a un ser humano.

Agarro el teclado y respondo al mensaje solicitando una extracción inmediata. Las puertas de la sala se mantendrán cerradas hasta el cambio de turno, pero es imposible saber cuándo será eso. La respuesta es casi instantánea: introduzca hoja de control en el escáner. Aprieto los dientes y maldigo en voz baja. Estúpido protocolo.

Levanto la tapa del escáner, apoyo el informe y pulso el botón. En ese momento lo noto, un dolor punzante en el pie derecho. Cuando bajo la vista veo que Titán ha perforado la bota de goma y me ha mordido. Los efectos en mi cuerpo son casi instantáneos: un dolor palpitante en las sienes, debilidad en las extremidades y pérdida de mis capacidades motoras. Consigo arrastrarme hasta la computadora y apoyar la mano en el teclado. Titán me está esperando. Sus quelíceros vibran antes de atravesar mi carne.

Me despierta el pitido del ordenador de control. Un hilo de baba moja la comisura de mi boca.

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Rak Pyro's @dopidop 4 years ago

    Es el tercer mes que participo y por casualidades de la vida, las tres veces me ha tocado comentar un relato tuyo, lo que ha sido un verdadero gustazo. A mi parecer un merecidísimo primer puesto (lo que no entiendo que hace mi relato justo detrás) ¡Felicidades y gracias por compartirlo con nosotros!

  • EndikaP @EndikaP 3 years ago

    Vaya, no había leído esto. Muchas gracias por tus palabras y, visto lo visto, tus puntuaciones. Creo que el afortunado aquí he sido yo, de tener para comentarme a alguien a quien le gusta mi estilo!

  • Bellarette @Bellarette 3 years ago

    Generalmente no me gusta que un relato termine igual que empezó, esta es la excepción a la norma. La frase final cierra perfectamente la historia. Bra-vo.


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