El club olía a orín y a alcohol barato. Ella sólo deseaba salir de allí cuanto antes, pero sabía que no podía marcharse demasiado pronto. Suspiró y anduvo hacia el fondo del local, reptando por entre los cuerpos que se mecían al ritmo de la música electrónica.

Sólo tenía que hacerse la tonta, coger la droga y largarse de allí. Parecía un plan fácil, pero Lily ya no se creía nada, porque sabía de sobra que las cosas nunca eran tan sencillas.

El segurata de la sala VIP del bar la abrió la puerta nada más vio que se acercaba. Lily le sonrió, aunque sabía que no le importaba. Un ambiente ligeramente perfumado y con una tenue iluminación la recibió al otro lado y ella no pudo más que agradecer el cambio. Al fondo, un sofá de cuero negro, sobre el que se recortaba la silueta de una cabeza que parecía observar atentamente una pantalla en el que dos chicas semidesnudas se contoneaban.

Inspiró profundamente y avanzó hacia el fondo de la sala con paso seguro. Rodeó el sofá y cuando iba a sentarse, la sangre se le heló dentro de las venas.

Adrien. Tenía que haberlo supuesto.

Con un pequeño revolver en la mano, apuntándola directamente, y una media sonrisa de satisfacción en los finos labios. En realidad, estaba más que satisfecho. Se sentía casi victorioso. Con el cañón de la pistola, señaló el sofá, sin siquiera mirarla directamente. Los cuerpos de la pantalla merecían, parecía, mucha más atención que Lily.

Ella se sentó, con la espalda muy rígida. Sentía cómo el corazón le latía dentro del pecho. Había sido una idiota suponiendo que todo iba a ser tan fácil. Nunca nada lo era. Tiró de la falda de tubo, intentando esconder sus piernas, incómoda.

—Vincent ha sido un ingenuo mandándote a por mi droga.

Vincent era demasiado predecible, desde luego, y Adrien le conocía demasiado bien; no había pasado los diez últimos años de su vida trabajando para él en balde. No había sido difícil suponer que mandaría a Lily a por la droga y tampoco había sido difícil suponer que ella no le esperaría al otro lado de la puerta de la sala VIP. Menuda panda de idiotas. Qué fácil se lo estaban poniendo...

—Y tú has sido un ingenuo suponiendo que no iba a estar preparada.

La pierna de Lily golpeó el revolver. Sonó un disparo, pero ambos estaban seguros de que fuera de la sala VIP nadie lo habría oído. En la pantalla, una de las mujeres gimió con placer fingido y la palma de la mano de Lily se estampó contra la nariz de Adrien. Sus huesos crujieron y la sangre brotó. Nadie sabía dónde había ido a parar el revolver pero antes de que cualquiera de los dos lo encontrara, Lily echó a correr.

Dos horas después y con una bolsa de hielo en la cara, Adrien comprobó que se había llevado la droga con ella.

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