La mujer llevaba un hacha en la mano, pero no para atacarme o insultarme. Traía el hacha a rastras.

Ella sudorosa y cansada llegó a mi cueva.

Soltó el arma, arrodillada juntó sus manos, voz entrecortada. ¿Me suplicaba?

He dormido tantos años, me acostumbré a estar solo, había olvidado hablar con alguien más. He sido ermitaño hace un par de décadas.

Inhalé profundo y saqué de mis fauces una llamarada potente hacia los cielos y luego al suelo, rodeándome. Intenso olor a tostado. Busqué el cuerpo de la chica, cuerpo carbonizado, pelo chamuscado.

Terminé de eliminar el humo por mi nariz, me acurruqué para seguir durmiendo. De pronto, sentí una cosquilla subiendo por mi cola, la agité, pero la molestia persistía. Abrí uno de mis ojos y la veo a ella escalandome.

 Estaba al comienzo de mi lomo. Me agité con más fuerza y cayó, pero quedó enganchada en la tejuela de mi cola. Tomó vuelo, dio un salto nuevamente hacia mi lomo, me empezaba a cabrear.

Lancé fuego y me revolqué.

Sentí sus pequeños pies por mi nuca. ¿Era acaso una bruja? o ... no puede ser.



Fui una señora de Lilith, me llamaban Dante. Nací en la misma época de los dragones.

Para ese entonces existían dragones de cada elemento y de cada color.

Sus productos eran nuestras materias primas, sin necesidad de hacerles daño, fabricábamos equipos y joyas para ellos (en parte para devolverles la mano) y obviamente también para nosotros. Todo era armónico.

Hasta que su egoísmo nos mató.

Habia una cosa que ellos no conocían hasta ese momento. Era el sabor de la carne.

Nos engulleron, y si estaba prohibido era por algo.

Kael, el dragón que inicio todo esto, invitó al pueblo a la bienvenida del invierno. Yo me encontraba regaloneando a Saúl que era mucho más joven que Kael, su hermano. Saúl era un bebé y yo estaba fascinada con él, lo arrullaba cada vez que iba a hibernar.

Cuando volvía camino a casa, todo estaba carbonizado, ya no tenía hogar ni familia.

Kael y otros dragones estaban saboreándose, limpiándose sus colmillos de los restos del festín. Esto despertó en ellos una sed de codicia y maldad  y también los hizo mortales.

Volví donde Saúl, pero ya dormía, lo vería en la próxima década. Demasiado tarde.

Pasé dos días escondida en el bosque, decidiendo qué hacer.

Mi salvación era congelarme, refugiarme en las profundidades del mar y esperar que Saúl creciera y pedirle ayuda, no quedaba nada mas que hacer. Corrí a la quebrada, llevando conmigo el hacha de mi padre, me lancé mientras activaba mi estado zensu, consistía en envolverme en hielo que era compatible conmigo. Esto se puede hacer solo una vez, no podía fallar.

No sé cuánto tiempo pasó. Me recuperé y comencé el viaje de reencuentro.

Ahora Saúl está frente a mí.

Si sigue vivo quiere decir que no comió a otros seres y por lo tanto aún es inmortal.

Es inmenso, pero se movía igual que siempre.

Su fuego era más potente, pero siempre apuntaba los mismos lados.

Lo escalé a pesar de su lucha, llegué a sus orejas. Era la única manera de lograr su atención.


 Creo que ya sé quién es esta mujer.

—Dante —dije mientras mis garras se relajaban y el fuego en mis fauces se atenuaba.

Ahora en mi oreja izquierda sentía la presencia de la mujer.

—Estás muy grande Saúl, me alegra que me hayas reconocido. —Abrazó tan fuerte mi lóbulo y luego bajó hasta el suelo, recién ahí nuestros ojos lograron encontrarse, nos REconocimos, nos recordamos—. Según lo que decían las reglas, con lo que pasó tus hermanos deberían estar muertos, ¿no?

—Si, cada vez que uno fallecía yo recogía la materia en la que se fue convirtiendo cada uno de ellos. Soy el último, soy el único e inmortal, al juntar cada materia he adquirido el elemento del dragón correspondiente.

—Eres Saúl, el Dragón de todos los elementos —agregó ella.

—Por supuesto, ese título y no tengo a nadie a quien restregárselo.

La invité a subir a mi lomo, salimos de la cueva y recorrimos el cielo, volé con nostalgia. Bajamos para caminar por caminos inhabitables, sólo tierra, húmeda eso sí. Al menos llovía a veces, pero nada nacía.

Llegamos donde alguna vez jugábamos con Dante y otros pueblerinos a perseguirnos, siempre yo me quedaba con el papel del malo. A que conquistaba su pueblo y ellos debían obedecerme.

Mas tarde fuimos a su casa, a lo que quedaba de ella al menos. En realidad, al terreno donde estuvo en pie su hogar.

Ella se bajó, tomo cenizas y tierra. Lloró desconsoladamente.

Diez años después de la última vez que vi a Dante desperté y noté que había menos dragones. Quedaban hembras, pero a pesar de que intentamos engendrar, los huevos se pudrían.

Así me fui quedando solo.

—Cuando desperté, Kael estaba agonizando, me contó lo ocurrido. Estaba muy arrepentido Dante. —Me acerqué a ella, noté que llevaba el hacha, reconocí que era la de su padre.

—No te odio, al contrario, eres mi última esperanza. —Se limpió las lágrimas y sonrió—. Somos la esperanza de Juno

—¿Cómo?

—El libro de las Señoras de Lilith narraba el inicio de la formación de Juno. Explicaba que el dragón de todos los elementos decidió convertirse en isla fértil.

—Nunca lo leí, ¿no estarás inventando?

—No. ¿Quieres hacer un cambio o quieres seguir viviendo como ahora? —inquirió fugazmente—. No quiero hacerte caer en ninguna trampa.

—Lo que quiero es verte feliz como antes y por supuesto que te ayudaré. Pero esa historia que me cuentas, bueno, debe ser cierta si tú lo dices —decidí creerle.

—"Esa historia" cómo le dices, es la historia de nuestro origen, no sabes nada. —Tomó asiento en el suelo un poco molesta—. Se supone que la unión de todas las materias que has juntado se concentra en una piedra en tu nuca, ¿La tienes?

—Nose, dime tú. No logro verme nada ahí.

Dante se levantó, me escaló por segunda vez. Buscaba algo en mi nuca, al parecer no lo encontraba.

—Dante, es de noche. Por eso no lo pillas. durmamos.

La mañana siguiente Dante estaba muy cansada y con hambre. No había que comer. Yo no necesitaba alimentos, pero ella sí, esto me hizo pensar que en pocos días me quedaré solo y peor aún, veré a mi amiga morir sin poder hacer nada por ella.

Aun así, ella volvió a la búsqueda en mi cabeza. No pillo nada.

—Saúl, si llego a pillar la piedra debo destruirla.

—Ajá.

—Y ... Tú mueres —dijo con culpa en su voz.

Vacilé.

—Si no hacemos nada, morirás tú —indiqué—. Ya no puedes volver a estado Zensu de nuevo. —Tomé aire—. El libro ¿dice algo sobre el lugar de origen de todo esto?, si vamos a ese lugar podemos encontrar pistas Dante. Puede ser que lo de la piedra sea metáfora.

—Mmm, decía algo sobre la "noche eterna" y que estaba rodeado de agua. Ya no quedan otras islas más que esta y bueno, llega luz en todas partes.

—Kael murió en una cueva muy alta, la que quedaba rodeada de agua cuando llovía. Y no asomaba luz por ningún lado, ni siquiera por la entrada.

Entonces viajamos hacia la cueva, llegamos de día. Entramos, oscuro por todos lados, lancé un poco de fuego para iluminarnos.

—No esta rodeada de agua.

— Hoy en la noche lloverá, lo huelo.

Y así fue, hubo temporal.

Descansamos ahí, temía que Dante ya no despertara.

—Sube a mi espalda y ponte a buscar.

—No veo nada, tira fuego de vez en cuando, ayúdame vale.

Cuando la lluvia se hizo más fuerte, tanta que empezó a entrar agua a la cueva. Dante pegó un grito

—¡Aquí está! Una de tus tejuelas brilla, ¡la piedra está debajo! ¡No puedo levantarla!  

—Bájate, le tiraré fuego hasta que se seque y caiga sola. Como estaba en mi nuca no le llegaba calor directamente, pero de igual manera sirvió, aunque se soltó más de una tejuela.    

Ahí estaba, brillante piedra celeste. no le afectaba el calor.

Dante subió, la golpeó ... Nada.

—El hacha Dante, tu padre será también parte de la hazaña.

— Si, el hacha, pero ... Quiero que sepas que te lo agradezco. Y no creo que este sea el final para ti —dijo sollozando.

—Tampoco el tuyo, juntos seremos leyenda.

Y Dante con lo que le quedaba rompió la piedra.

No sentí dolor, solo alivio.

Juntos abandonamos nuestros cuerpos.

Ella murió en mi lomo.

Juntos.

Hoy vida de todo tipo cubren nuestras carcasas.

Un día la isla se separará y habrá continentes.

 Juno ha renacido. 

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