Don Gonzalo de la Arrimada es un triste abogado de provincias cuya vida transcurre entre códigos, togas y juzgados. De un tiempo a esta parte no puede dormir bien; se lo impiden pesadillas en las que los mares se desbordan y el sol se apaga y una voz que martillea su cabeza día y noche diciéndole: "solo tú". Cree que todo ello es consecuencia de la presión a que se encuentra sometido preparando la defensa de su último cliente, la llamada asesina del futuro, una mujer que dice venir desde el siglo XXV a hacer justicia al planeta. Se sospecha que, entre fabricantes de vehículos, generadores de residuos químicos y otros ejemplares de la fauna contaminante, lleva ejecutadas más de veinte muertes, aunque probablemente sean más. Ella suele explicar, a quien quiere escucharle, que allá en su tiempo la Tierra se encuentra al borde de la desaparición y su misión ahora es cambiar la historia, poner remedio a los problemas eliminándolos en su origen.

Gonzalo aún no lo sabe pero es el elegido para ser el instrumento del cambio; él, la única persona que tiene la solución en sus manos. Su elección no es casual. Así lo explica un documento que guarda celosamente la asesina: "Por dedicar tu vida a la defensa de pobres y oprimidos sin esperar reconocimiento, yo, el Gran Ser que todo lo ve, te otorgo, Gonzalo, el poder de dominar el clima. Solo espero que lo uses igual que vives tu vida".

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