Al otro lado del espejo hay un mundo desconocido. Una bruja venida del periodo Kamakura me contó que allí encontraré a mí alma gemela. Un hilo rojo nos une de meñique a meñique, un hilo invisible a los ojos de los demás. Cada mañana intento ir tras el hilo, traspasar el espejo para buscarla. Y cada mañana todos los intentos son inútiles. Me desespero. La impotencia de ver que vive en un mundo en guerra, devastado y empobrecido me atormenta. Grito neurótico al espejo. Lo golpeo pero todo es inútil. Vive en el futuro, otro planeta o otra dimensión, quién sabe. Sueño constantemente con rescatarla. Paso los días imaginando como puedo entrar en él, tal vez si tuviera una máquina del tiempo o un platillo volante. ¡Qué se yo!. O ni lo uno ni lo otro, tal vez ya hay allí un yo alternativo que me substituye.

Lloro aferrándome a una realidad que desconozco, vuelvo a golpear el espejo y finalmente le lanzo un viejo ejemplar de Philp K. Dick, Ubik. El libro se estrella contra el espejo quebrándolo en mil pedazos. Durante un instante tiemblo pensando que la he perdido para siempre. Los trozos del espejo caen al suelo y ante mí se abre un agujero negro. El miedo se desvanece. Me introduzco sin pensarlo. El mundo que veía tras el espejo por fin está a mis pies. La bruja olvido decirme que la entrada estaba tras el espejo.

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