La mujer llevaba un hacha en la mano y gritaba como si estuviera poseída. Eran una de aquellas armas preparadas para matar y desmembrar; un arma terrible. Pero él era un dragón. ¿Será ella?, pensó mientras aquel ser insignificante se acercaba a él, levantando el arma. ¿Podrá por fin alguien matarme?

Sin embargo el hacha rebotó contra sus escamas con un crujido seco. El dragón lanzó un bufido, mezcla de hastío y desaprobación; el suspiro de alguien viejo y cansado. Con un distraído movimiento de su cola, lanzó a la mujer contra una de las paredes de la cueva, dejando su cuerpo descoyuntado y lánguido. ¿Qué es ese ruido? ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?

Del fondo de la cueva llegaban gritos de guerra de al menos media docena de guerreros. El dragón no reconoció las palabras. He debido dormir muchísimo tiempo; antes conocía todas las palabras de estos bichos bípedos. Doblaron la esquina cuatro seres que le recordaron vagamente a los Krésticos. Solo que los Krésticos eran poco más que ranas en una ciénaga cuando decidí echarme a dormir.

Así que aquí estamos otra vez, un grupo de idiotas queriendo hacerse con mi tesoro. Un tesoro que ha aparecido aquí, a mi alrededor, mientras dormía. Seguro que han sido esos malditos enanos adoradores de los dragones. Quiso gritarles que se lo llevaran, que él no lo quería para nada. ¿Qué iba a hacer con él, comprar cosas? Pero mi boca no está hecha para hablar… Y probablemente tampoco entenderían mis palabras.

Se aclaró la garganta y decidió lanzar un furioso bramido, pues era lo que ellos esperarían que el temible dragón hiciera.

—Groar. —Aquel quejumbroso gemido no se pareció en nada al furioso bramido que esperaba hacer brotar de sus fauces.

Demonios, estoy desentrenado. Aún recordaba los tiempos en que había asolado las ciudades de los hombres; cuando, junto a sus compañeros, había destruido la antigua civilización de Avantre por puro placer. Y porque me gusta ver cosas ardiendo. Habían sido buenos tiempos.

Aquellos seres les habían puesto nombres que ya ni recordaba. Aquello de los nombres no iba con él, y mucho menos con su raza. Eran dragones, no necesitaban nombres ridículos. Tratar de poner nombre a la majestuosidad de tales criaturas era tan absurdo como nombrar al viento o tratar de domar una tempestad.

Aquellos seres anfibios lo rodearon y empezaron a acercarse en círculos. Él se quedó quieto, expectante. Probablemente pensaron que estaba paralizado por el miedo, que al haber sido descubierto en pleno letargo no podría reaccionar. Él sólo esperaba a que atacaran para comprobar si sus armas serían capaces, tal vez, de darle fin. Uno de ellos se quedó alejado, sonriendo como si supiera algo que los demás no sabían. Los demás se posicionaron en torno a su enorme cuerpo, preparados para abalanzarse sobre él en cualquier momento.

Cerró los ojos y trató de parecer lo más indefenso que podía. Me pregunto qué harán con mis restos cuando me maten, pensó. Quizá me conviertan en pendientes, o incluso en algo bonito que colgar en sus casas. No estaría mal.

El primer golpe sonó como un saco de tierra lanzado contra una pared. Esperó sentir dolor, pero cuando miró descubrió con decepción que ni siquiera había hecho una muesca en su acorazado corpachón. El siguiente trató de clavarle una lanza en un costado, pero aquello le hizo cosquillas y, al revolverse, aplastó a los dos con la cola. Maldita sea, qué frágiles sois.

Uno de ellos lanzó su espada al suelo y salió corriendo. Y, probablemente, era lo más inteligente que podía hacer. ¿A quién se le ocurre tratar de matar a un dragón con esas armas? Es como tratar de tirar abajo una pared golpeándola con una aguja. Antes al menos se molestaban en lanzar encantamientos sobre sus aceros. Se han perdido las buenas costumbres.

El de la sonrisa inquietante empezó su avance, sin dejar de mostrar sus dientes en una mueca retadora. Siseó algo en su lengua, seguramente algo acerca del honor y la gloria, que el dragón no entendió. Vamos, bichejo, ataca de una vez. ¿Serás tú? ¿Será hoy el día?

Desenvainó su espada y un brillo azulado la cubrió. Parece que alguien ha hecho los deberes. El dragón hizo un par de fintas, enseñó los dientes y lanzó humo por la nariz; un humo negro que no presagiaba nada bueno para cualquiera que se encontrara a su merced. Todo puro teatro, por supuesto: lanzar fuego le quemaba la boca y le causaba ardores durante semanas. Sin embargo, necesitaba hacerlo creíble; sabía muy bien que aquellos guerreros se movían por la ambición y la gloria. Nadie quería volver a casa y contar que había matado a un dragón que se había echado panza arriba esperando que lo ensartaran. No, todo el mundo quería contar batallas épicas donde se ensalzaba el valor. Así que estaba dispuesto a darle esa batalla. O al menos algo parecido.

El ser amagó con atacar por la derecha para, acto seguido, lanzarse bajo su vientre rodando y atacar por el otro flanco. Te lo voy a reconocer, sapo, eres rápido. Cuando el dragón viró sobre sus patas para encararlo, una lluvia de mandobles llovió sobre su cuello. Pero no sintió dolor. ¿Qué demonios…? El brillo azulado ahora cubría los lugares que habían sido golpeados. El ser anfibio ya no sonreía; en lugar de eso, miraba atónito, sin comprender. Es el hechizo equivocado. Me has confundido con un wyverno de agua. ¡Maldita sea, con un wyverno de agua! Es como confundir un perro con una garza. Tu existencia hace que la madre naturaleza llore. Le arrebató el arma con un zarpazo desganado y clavó en él sus ojos turquesa. Podía perdonarle la vida, tenía una oportunidad de ser bueno. Pero ese barco hace tiempo que zarpó. Y ni siquiera fui al muelle a despedirlo. Se dejó caer de lado y su cuerpo aplastó al atacante. Un ser ridículo se merecía una muerte ridícula. Observó durante unos segundos el cuerpo desmadejado del guerrero muerto y decidió que no iba a dejar que su compañero se escapara. Probablemente esos seres también tenían una reputación que mantener, pero en ese momento él no pensaba en ellos. ¿Qué hay de MI reputación? ¿Me atacaron los guerreros más ineptos del mundo y yo dejé que uno de ellos escapara? ¿Qué pensará la gente de mí? Pensarán que me he vuelto blando, que ya no soy terrible. En poco tiempo la gente vendría a traerme más joyas, o incluso a sus hijos para que los bendiga. No, de eso nada. No más gente.

Corrió tras él por los estrechos pasadizos de su cueva, oyéndolo trastabillar y maldecir en su lengua gorjeante. Pensó en lanzar un alarido, para que su agresor fuera presa del pánico, pero visto el éxito de su primer intento se lo pensó dos veces.

Al llegar a un recodo especialmente estrecho, que atravesó destrozando las paredes, empezó a ver luz y empezó a sentir un calor abrasador que provenía del exterior. Movido por su curiosidad, pasó junto al aterrado guerrero y echó un vistazo al exterior.

Llovía fuego. Enormes bolas ígneas caían del cielo, incendiando todo, bañando el mundo en llamas. Frente a él, el majestuoso valle que hacía tiempo había elegido para que fuese su cuna ardía y quedaba reducido a lastimeras cenizas. Los animales corrían, sin rumbo fijo, en busca de un lugar en que guarecerse. Echó un vistazo al bípedo tembloroso que se encontraba en la entrada de la cueva, mirándole de hito en hito, sopesando sus posibilidades de sobrevivir. ¿Y si…? ¿Y si no me buscaban a mí, sino que buscaban refugio? ¿Y si trataban de huir de la muerte que llueve ahora sobre ellos, y encontraron otro tipo de muerte en mi cueva? Quizá por eso estaban tan poco preparados…

Miró alrededor, sobrecogido por aquel despliegue de destrucción, por la belleza de aquella devastación. Es este… ¿el fin? Se giró y, haciendo caso omiso al ser tembloroso y aterrorizado que se hallaba sentado en la boca de su cueva, volvió a meterse en su interior, dirigiéndose a su lecho, donde volvería a dormirse. Esperemos que así sea.


Comentarios
  • 2 comentarios
  • Rak Pyro's @dopidop hace 3 meses

    ¡Me alegro un montón de volver a leerte! Cuando he visto tu nombre entre los participantes, enseguida he entrado al relato, y como siempre ¡no me ha defraudado para nada! Me encanta la idea del dragón que quiere morir, y ese irónico final que no te esperas para nada. La verdad es que es un texto que engancha y muuuy agradable de leer. ¡Felicidades! Espero poder seguir leyendo mas historietas tuyas por aqui :) ¡Un abrazote!

    P.D. Por lo que veo también has llegado a nivel 3 y ya tienes avatar chuli :)

  • EndikaP @EndikaP hace 3 meses

    Gracias Rak
    Este año ha sido complicado,curro nuevo, ciudad nueva, paternidad... He tenido el inventizate abandonado desde agosto, pero no quería dejar pasar la última prueba de la temporada. A ver si en la siguiente puedo participar más y así os doy un poco de guerra!


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