Oh, Doris. Voy por el Camino del Rey, pero soy un duende sin rumbo desde que ya no estás. Ahora que tengo un asno que tira del carro tardo menos en llegar a la siguiente ciudad y mi espalda está más descansada. Pero hay que alimentarlo y tener cuidado de que no se rompa una pata, así que no todo es bueno.

En la capital preguntan por ti cada vez que voy. Es una ciudad grande y no todos saben la noticia. Eso me pone triste y pienso que no vale la pena vivir sin ti.

El carro de cachibaches y yo ya conocemos el mundo y no nos queda nada por ver. Es la trigésimo cuarta vez que hago este camino desde que soy comerciante, entiéndelo. Las mismas piedras, los mismos árboles, el mismo sol irritando mi piel verde, la misma gente con sus... extrañas ropas que veo por primera vez.

Oh, Doris. Si pudieras ver lo que estoy viendo…

Hay un grupo de humanos en medio del camino y están mirándome fijamente. Son altos y apenas tienen pelo en la cabeza o en la cara. Las mujeres llevan ropa de hombre y todos parecen limpios. Tienen una pequeña caja negra en las manos que hace luz cuando se la acercan a la cara.

Espera, ¿dónde están? No los veo por ninguna parte.

Pero… hay algo en el suelo, una especie de papel muy duro. ¿Qué pone?

”Del 1 al 15: el género fantástico. 3 euros visita guiada”.

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