Cuando despertó se encontraba empapado de pies a cabeza. Apenas recordaba lo sucedido ni cómo había llegado allí, pero una extraña sensación de familiaridad le invadía.

Intentó levantarse, pero un fuerte dolor de cabeza le hizo perder el equilibrio y volver a caer sobre el mismo charco. A lo lejos, oyó las sirenas de un coche de policía acercarse. Nuevamente esa sensación de familiaridad le invadió, ¿se trataba de un dèjávu?

No fue hasta ese momento cuando observó aquella sombra frente a él, estaba oscuro, era de noche y apenas podía diferenciar la extraña silueta de aquella sombra. Se preguntaba cuanto tiempo llevará allí y si su familia estaría bien, seguramente estaban preocupados por el otra vez.

Había perdido la cuenta, ¿era la tercera vez desde aquel día? Al recordarlo, una fuerte sensación de pánico le invadió, notaba como le faltaba el aire y nuevamente empezaba a marearse. Nuevamente la sombra, ¿se había movido o era una ilusión óptica del viento y la maleza?

Cuando por fin logró incorporarse, observó detenidamente en la distancia aquella sombra. Al ver que parecía inmóvil decidió ir acercándose lentamente. Poco a poco, a medida que la distancia entre ellos se reducía sentía como su corazón se aceleraba a la vez que empezaba a reconocer a la temida silueta.

Tras la tormenta, el cielo se encontraba despejado y la nube que cubría la preciosa luna llena fue liberando la luz de la misma, lo que le permitió visualizar claramente a su enemigo.

Era él nuevamente, siempre ha sido él, con su salvaje melena y sus largos bigotes, esos pequeños colmillos que siempre la encantaron y el entrañable rabito por el que siempre le llevaba consigo de un lado a otro.

Su dulce niña jamás se separaba de aquel pequeño león de peluche, nunca, siempre inseparables. ¡Cuántas veces tuvo que volver a casa porque se había olvidado de él, cuántas se volvió loco buscándolo por la casa para ayudarla a conciliar el sueño!

Hasta que un día todo cambió, aquel día que tanto le atormentaba y que cambió su felicidad por amargura y dolor.

Solo cinco segundos bastaron para que todo cambiara, solo cinco segundos fueron los que tardó en mirar el móvil, solo cinco segundos que muy caros le costaron.

Cuando alzó la vista, ya no estaba, desapareció como por arte de magia, como si nunca hubiera existido. La única evidencia de su existencia era aquel peluche, justo en el mismo sitio en el que se encontraba ahora, observándole, juzgándole. Esos enormes ojos sabían qué había ocurrido, sabían dónde estaba su niña. ¡Dímelo! ¡¿Por qué no me hablas?!

El sonido de un coche de policía paró detrás suyo.

- ¿Otra vez señor Gutiérrez? Volvamos al centro, el doctor está preocupado por usted. – Dijo el policía mientras se disponía a llevarle de regreso al centro psiquiátrico.


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