¿Así acaba todo? ¿En serio? Ni extraterrestres, ni zombies, ni guerra nuclear... ¿Ni siquiera un meteorito? Esto es increíble. Ha empezado el fin del mundo y es culpa de un imbécil: Yo.

Estoy empapado de sangre todavía fresca. Calado por completo de flujo oscuro, pegajoso y maloliente. Deambulo sin rumbo por el centro de Zaragoza. Las calles están desiertas, muchos han huido, y los que no… pues me los he cargado. Sí, ha sido sin querer, pero eso no hace que me sienta mejor. Al llegar al Puente de Piedra me detengo, los majestuosos leones de bronce parecen mirarme con recelo desde lo alto de sus pedestales.

Siempre he sido inseguro y cuando conocí a Eva, lo vi claro: necesitaba destacar, ser mejor que el resto. Y busqué ayuda externa. ¿Quién no lo habría hecho? Creí que era un buen trato, ¡menudo idiota! Y lo peor es que a la primera que me cargué fue a ella.

Escucho el sonido de un helicóptero a mi espalda. Miro hacia arriba para observar cómo me sobrevuela y se coloca delante de mí. La cabina de aspecto militar apenas oscila, sin embargo las palas giran a una velocidad vertiginosa. En la cola aparece una numeración que no llego a distinguir. Desciende un poco y se mantiene estático en el aire el tiempo preciso para que tres soldados se descuelguen. Cuando están en el suelo me apuntan con sus rifles mientras el aparato asciende y se aleja con la misma rapidez con la que ha llegado.

—¡Las manos en la cabeza! —grita uno.

—¡No os acerquéis! ¡Disparadme! —les suplico.

Me ignoran y se aproximan ajenos a lo que está a punto de suceder. Justo delante de mis narices ocurre el primer sploch. Lo llamo así por que es el ruido que hace un cuerpo al implosionar. No crujen los huesos, no les da tiempo a gritar. Solo queda ese sonido. Bueno y un montón sangre.

Los otros se miran entre ellos aterrorizados, los restos de su compañero nos han salpicado a los tres. Bajo la vista para no tener que presenciar los dos sploch que suenan al unísono.

Oigo aplausos y carcajadas. Vienen de un hombrecillo de nariz aguileña y pelo rojo fuego, que observa la escena sentado sobre uno de los leones. Se lo está pasando en grande. Es Él, nunca lo imaginé así, pero estoy seguro de que es Él: El maldito Tipo del Trato. Me he dejado engañar por el Diablo.

—Esto no es lo que acordamos —le grito con impotencia.

—¿No? —pregunta divertido— ¿no querías ser el mejor de todos?

—¿Qué...? ¡Pero si la gente explota cuando se acerca!

Sonríe y arquea una ceja.

—Si están muertos no pueden ser mejor que tú.

Y tiene razón. Baja del león de un salto, me observa de arriba a abajo y empieza a caminar por el puente.

—Sígueme —me ordena—, tenemos trabajo. Esto acaba de empezar.

«El puñetero fin del mundo» pienso «Y yo soy el arma». Suspiro y obedezco. Ahora soy suyo, no me queda otra. Si es que, definitivamente, soy gilipollas.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Not Today darkman @Farran hace 2 meses

    Buen micro, bien ambientado y descrito, corto y conciso y creo que aún lo podrías recortar más. Has empezado bien el curso, ¡felicidades!

  • Rak Pyro's @dopidop hace 2 meses

    ¡Gracias! Pues lejos de recortarlo, estoy pensando en rehacerlo y alárgalo, con los consejos de los comentaristas... no se que saldrá de eso...


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