Hoy ha sido un mal día. Un día más difícil y aburrido que ayer, y que antes de ayer. Tras la séptima operación, me mandaron a casa, debo descansar. Mi corazón debe descansar. Y, sin embargo, he intentado levantarme y...mamá ha tenido que venir corriendo a ayudarme. No quiere dejarme sola, normal. Soy una dinamita con la mecha ya prendida.

Miró por la ventana, y entonces le veo.

–¡Al fin! –exclamo mientras se me escapa una sonrisa.

Ha debido salir pronto de clase, y ahí está, un joven pelirrojo asomándose por la ventana. Es Luis, mi nuevo vecino, y aunque ya no podemos jugar, hablamos por la radio. Al menos puedo hacer eso, aunque a mamá no le gusta mucho...

Respiro lentamente mientras busco mi radio, y ahí está, al lado de mi cama...en el suelo. Un escalofrío me recorre la espalda solo de pensar en levantarme... Y entonces entra Mía, mi gata. La pido que me acerque la radio, pero solo pega un salto a la cama y se acomoda en ella.

–Nunca me caíste bien –digo a regañadientes–. Tendré que cogerlo yo.  

Me arremango la camiseta del pijama, me estiro con cuidado y con las puntas de los dedos rozo la radio. Con paciencia y con demasiado esfuerzo, alcanzo a cogerlo.

Nada más encenderlo oigo su voz, alegre e impaciente.

–¿Estás ahí? –pregunta con entusiasmo Luis–. No sé cómo no te aburres, todo el día en la cama... ¡Qué asco! 

Le veo moviéndose por su habitación, se agacha para coger uno de sus muñecos y lo mueve como si estuviera volando. Me río, y tras coger un poco de aire le doy al botón para hablar.

–¡No me aburro! Tengo a Mía que está… -resoplo al ver que ya está dormida- También me imagino las conversaciones de la gente que veo por la ventana. ¡Es muy divertido!

–Eso suena a... ¡Persona loca! –Y rompe a reír. Él es así, no para de bromear, de jugar, de saltar… y yo solo de pensar en hacerlo...me canso. 

–Mira, ¿ves a la señora mayor que vive en frente? –veo que asiente y prosigo– Ahora está regañando al cartero por llegar tarde. Él se disculpa y señala al perro, ¡le ha mordido el culo!

A través de la radio escucho su risa, es tan contagiosa que rompo a reír. Mis carcajadas despiertan a Mía, que se estira y ronronea. Me mira con curiosidad, pero sigo riendo, ha dejado de ser mi fuente de entretenimiento.

Entonces entra mi madre corriendo.

–¿Todo...bien? – Coge aire y me mira, está agotada. Asiento con la cabeza y señalo a Luis, que nos sonríe desde allí.   

Ella se sienta a mi lado y mira por la ventana, fijándose en el apartamento de enfrente. Y donde yo veo a Luis y su habitación rebosante de juguetes, ella tan solo ve un piso vacío. Me coge de la mano con fuerza y entre lágrimas añade–: Saluda a Luis de mi parte. 

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