—¿Por qué? —preguntó su madre cuando terminó de contárselo, sentada al pie de la cama junto a Sully, enroscado en su sempiterna siesta.

No estaba enfadada. Tampoco contenta, desde luego; parecía sencillamente incrédula. Normal, nadie se imagina que su hijo pueda ser capaz de cometer un crimen. 

"Y menos si se pasa la vida tumbado por culpa de la esclerosis múltiple" —pensó Carlos con fastidio—. "No me consideran válido ni para ser un villano".

—Cuando no tienes otra cosa que tiempo libre, debes elegir muy bien cómo aprovecharlo —dijo en su lugar—. Yo he elegido emplearlo en algo que me parece justo, mamá.

Susana sacudió la cabeza, con el ceño fruncido.

—Si yo no digo que no sea justo, pero podrías haber intentado conseguirlo por un camino que no fuera un delito.

—¿Por qué? —Carlos le devolvió su pregunta inicial—. ¿Por qué molestarse en cumplir las normas cuando nos están puteando continuamente?

La mujer abrió la boca para contestar, pero no debió encontrar ningún argumento válido porque la volvió a cerrar al instante.

—La cuestión es que saltarse las leyes tiene consecuencias. ¡Uy! —Apartó la mano de la ensaimada peluda que acababa de hacerle cosquillas al moverse.

Sully se estiró con voluptuosidad, luego se incorporó y se acercó a Carlos. Se subió a su estómago, se tumbó de nuevo, agotado tras aquel largo trayecto de tres pasos, y comenzó a ronronear.

—Lo sé. —Acarició el lomo del animal, distraído—. Y me da igual. ¿Qué me importa que me metan en la cárcel? Ya estoy en una. —Ella apartó la mirada, con expresión de dolor—. Mira, mamá, si volviera atrás, lo haría de nuevo. Volvería a usar todo lo que sé de informática para conseguir trapos sucios de políticos y empresarios y volvería a chantajearles a cambio de que aumenten la financiación de la sanidad y la investigación. Eso sí, para otra vez no buscaría ayuda: eso ha sido lo que me ha fallado. Si Lotus14599 no me hubiera traicionado, jamás me habrían pillado.

—¿Y por qué le diste tu información al Lotus ese? Mira que fiarte de un criminal...

—¡Que yo no le di mis datos, mamá, que me mandó un programa espía que no conseguí detectar! —El recuerdo de lo ocurrido hacía que la sangre le hirviera.

—¿Y ahora qué vas a hacer?

—¿Qué voy a hacer? Pues ceder a su chantaje. "El cazador, cazado". —Hizo una mueca de burla—. Dejaré de hacer lo que estaba haciendo para que no me delate. Menudo gilipollas, el Lotus... —Dio un puñetazo en el colchón.

—O "menuda" gilipollas —comentó Susana.

Carlos se encogió de hombros.

—Sí, bueno, es una forma de hablar. Me cae igual de mal, sea quien sea.

—Claro, hijo. Pero en el fondo, creo que te ha hecho un favor.

—Ya, tú qué vas a decir. Si supieras, me habrías espiado tú.

Ambos se rieron.

—¡Qué cosas tienes!

Nadie se imagina que su madre pueda ser capaz de cometer un crimen.

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