Con cuidado enciende la vela sobre la pequeña magdalena. La ha hecho ella. No es mucho, es de arándanos. Ojalá tenga buen sabor.

La luz de la llama ilumina las mangas de encaje de su vestido y se refleja en los utensilios que tiene ante ella. Son suyos, no es mucho. El cuchillo plateado brilla.

—Ya es casi la hora, mi amor—susurra.

El silencio responde, lo comparte consigo misma. No es mucho, pero es lo que queda. La luz de la vela se refleja en el marco de la fotografía que tiene frente a sí. Es tan intensa que no puede ver el retrato de quien debería estar a su lado. Sonríe, aunque las lágrimas emborronan su maquillaje.

La alarma anuncia que ya son las doce. El viento sopla la vela, aunque las ventanas están cerradas. Parece susurrar “feliz aniversario” con una voz extinta.

Parte la magdalena en dos. Sabe bien, casi no se nota el regusto de las pastillas que usó en vez de azúcar.

Un roce invisible se lleva las lágrimas de su rostro.

—Muy pronto estaré contigo—sonríe.

No es mucho, pero les unirá para siempre.

Comentarios
  • 1 comentario
  • Bell DeVell @Bell_DeVell hace 2 años

    Me he quedado sin palabras, no sé cómo decirlo pero me encantó. Una linda y triste historia. Me alegra haberla leído. Felicidades y gracias por escribir.


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