El viento protagonizaba la primera de las tres noches. Frío como dagas atravesaba la ropa de los vivos, calándolos hasta los huesos, y guiaba a los muertos hacia ella: la médium, le decían. Hija de druidas nacida en pleno Samhain que podía hablar con los espíritus y detener a los sluagh. Una muerta en vida, susurraban. Claire se arrebujó en su capa ceremonial y caminó hacia la hoguera, debía encontrarlo antes de que se apagaran los tambores. 

El sonido rítmico y los movimientos de las bailarinas la hacían sonreír; aquel baile era lo único que podría esconderla. Pensó en unirse al grupo, pero la visión de Jack despejó sus dudas. Allí estaba, entre sacrificios, iluminado por el fuego. Los niños jugaban con los faroles y lo atravesaban sin notar más que un ligero escalofrío. Él ni se inmutaba. Claire atravesó el humo, ignoró al azufre quemando sus pulmones, esquivó las máscaras rituales que llevaban los músicos y llegó hasta él.

—¿Estás lista? —preguntó tendiéndole la mano.

La respuesta se ahogó en su garganta.

—¡Médium! La estaba buscando, tiene que abrir el banquete, vamos.

El brazo de su madre la rodeó por los hombros y la arrastró hacia la gran mesa llena de comida. Los espíritus se intercalaban entre los vivos, todos expectantes a su llegada. Ocupó la cabecera, tomó una copa y dejó que el amargor del vino joven le aclarara el paladar y la mente.

—El nuevo año comienza y volvemos a reunirnos, hermanos, para festejarlo. —Su voz sonaba cristalina y rebosante, no le faltaba inspiración aquella noche—.  La mesa rebosa igual que lo hará nuestro año, si nos mantenemos unidos. Una vez más, la oscuridad nos acecha. Amenaza nuestras vidas, encierra nuestros sueños. ¡Que las hogueras ardan más altas que nunca! ¡Que el fuego prenda las tinieblas y nos proteja! ¡Hagamos de la muerte nuestra aliada! —Levantó su farol de cumpleaños y los miró desafiante—. Esto representa el dolor y la traición, esto representa al enemigo. ¿Y qué hacemos con los enemigos?

—¡Matarlos! —rugió la multitud y brillaron los ojos acusadores de la médium.

La pequeña vela titilaba tímida a través del viento, luchaba por vivir. Claire no lo permitió. La apagó entre vítores. El calor de la llama en medio de sus dedos recorrió todo su cuerpo y le infundió el valor que necesitaba. 

—¿Ahora sí? —susurró Jack en su oído.

—¡Que comience Samhain! —gritó victoriosa.

Los dedos de Claire se cerraron entorno a una mano helada, áspera, muerta y más amable que la lluvia durante una sequía. Su farol cayó vacío, los vivos se miraron entre sí y los sluagh se acercaron a la mesa. Sin médium que los retuviera, tenían el banquete servido.

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